Mañana es 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer. Y es necesario. Todavía es muy necesario. Tal vez más necesario que en ocasiones anteriores. En 2016.
Es muy necesario porque mes tras mes y año tras año, las estadísticas y comparativas de la relación trabajo-sueldo de las mujeres, siguen demostrando que, a igual trabajo, nosotras cobramos menos. Es necesario porque día a día seguimos viendo como los estereotípos en los que nos han encasillado desde el inicio de los tiempos siguen vigentes. Seguimos siendo las que limpiamos, las que hacemos la compra, cuidamos a los niños, o a los mayores, hacemos dieta todas las primaveras para estar estupendas en verano y trabajamos fuera y/o en casa aunque estemos enfermas, porque, como decía un anuncio de un antigripal (aunque ya han cambiado el lema, no son tontos), las mamás no se cogen la baja.
Es muy necesario porque incluso en los nuevos partidos, esos que venían a revolucionar la política, a acercarla a lo que se vive en la calle, a poner los pies en la tierra a quienes hasta ahora nos representaban, que vivían en una urna de cristal, mantenida antiséptica para que el populacho que les vota no fuera a exigirles nada, faltaría más; esos nuevos partidos, digo, pecan de las mismas conductas que tanto les han afeado a los de siempre. LOS candidaTOS siguen siendo ELLOS, mientras que a ellas las utilizan para salir en todas las fotos del primer día, o plantean que la violencia de género no es tal, sino violencia intrafamiliar...je...como si la familia fuera el único lugar en el que las mujeres la sufren. Y para acabar de coronarse, los carteles que presentan para celebrar el Día de la Mujer están protagonizados por (oh, sorpresa) HOMBRES...Muy torpe por vuestra parte, chavales, pero mucho.
Por lo estas cosas y muchas otras que se ven en el día a día de una mujer cualquiera, en la que en ocasiones tiene que aguantar condescendencias, sonrisillas de medio lado, cuando no groserías o frases lapidarias cuando pretende salirse de su papel, es muy necesario todavía la celebración de mañana.
Pero si hay algo que lo hace absolutamente imprescindible y que me pone los pelos de punta, es el alarmante aumento de casos de violencia de género (y no en la familia, señor Naranjito...), tanto psicológica como física, entre los chavales.
Las generaciones que vienen detrás parecen haber asumido e interiorizado todos esos estereotipos y dejes machistas que tanto nos estamos esforzando en intentar eliminar. El hecho de que los chicos, y lo que es peor, las chicas adolescentes de hoy en día vean como normal que ellos controlen el móvil, las redes sociales e incluso el vestuario de sus novias, que las sigan viendo poco más que como un adorno bonito que llevar colgado del brazo, pensamiento que se ve reforzado con intensidad con esa música infernal que escuchan a todas horas y cuyos mensajes machistas y de cosificación de las mujeres son espeluznantes. El hecho de que ellas acaten ese papel, se cuenten anécdotas que a las que ahora pasamos de los 30 nos ponen la piel de gallina entre risitas, que vuelvan a dejarse manejar, que las que se niegan a verse atrapadas en ese papel se vean como marimachos, frikis, o cosas por el estilo, ESE es el verdadero problema.
Por eso en 2016 sigue siendo tan necesario el Día Internacional de la Mujer. Porque cuesta mucho luchar por los derechos, por la igualdad, pero, como estoy observando cada día con espanto, cuesta muy poco perderlo, volver a bajar los brazos, a aceptar que lo nuestro es estar en casa con la patita quebrada y a recibir a nuestro maridito a la vuelta del trabajo con una sonrisa, una copa de Soberano (cosa de hombres), la cena hecha, los niños acostados y bien dispuesta a echar un polvete antes de dormir, que para eso él se ha estado dejando el lomo en su trabajo.
Feliz Día Internacional de la Mujer a todas. Y todos.