Gijón. 24 de enero. Hace sol. Y no de ese sol de invierno que da gusto después de un amanecer gélido. Del que pica, del que te hace sudar en cuanto das dos pasos a un ritmo normal. Hace calor. 21º.
Hablo con la gente. Pongo la tele. Escucho la radio. Siempre las mismas frases. Siempre el mismo argumento.
Pues que buen día hace. Qué maravilla de tiempo. Da gusto salir a pasear, tomarse algo en una terraza, poder hacer vida en la calle.
No entiendo nada. Pienso en ello mientras miro una foto sacada hace cinco años en la que yo misma salgo abrigada hasta las cejas (siempre he sido friolera) mientras veo nevar en la playa de Gijón. No cuajó, por supuesto, pero eso sí que fue bonito, una maravilla de tiempo.
Puede que con los años me esté volviendo gruñona, que me empiece a costar asumir los cambios, como dicen que te pasa con la edad. A lo mejor a mis 37 (38 en agosto), estoy sufriendo una especie de viejunismo prematuro.
La verdad es que no le veo nada bueno a este calor a destiempo. Se lo podría ver si viniéramos (como pasaba cuando yo era niña, toma frase de viejuna...) de un otoño gris, lluvioso y frío. Pero no es el caso, ni mucho menos. Y no lo digo yo. Ha salido en todos los telediarios, se ha comentado en todas las radios, se ha visto por todo internet. Ha sido el otoño más cálido y seco en mucho tiempo.
Y el invierno no pinta mejor. Las previsiones parecen más de primavera que de invierno (porque sí, estamos en invierno), con una ausencia total de frío y de lluvia, y ya no digamos de nieve.
Me siento como un bicho raro en mi entorno, porque arrugo la nariz con fastidio cuando salgo a la calle y me pega el vaporazo, mientras que todo el mundo parece estar batiendo palmas con las orejas por este calor pegajoso y absurdo, que hace que te cruces con gente que se ha puesto el anorak por costumbre o porque lo manda el calendario, mientras tienen la cara colorada como si fueran a explotar.
El peque ha estado malito esta semana. Cinco días sin apenas salir de casa. Fiebre, mocos, tos...La pediatra dice que este año es increíble la incidencia de la gripe. Casi del 50%.Y se echa las manos a la cabeza pensando en la que le viene encima con el previsto repunte de la epidemia en febrero.
A lo mejor soy la única que le ve la relación con el otoño que hemos tenido y el invierno que estamos teniendo.
A lo mejor me estoy volviendo loca por no sumarme a la mayoría y bajar a la playa dando saltitos para tostarme en la arena (????), o decir eso de "¡pero qué día más bueno tenemos!". Puede ser. Lo de loca, digo, porque hay pruebas que apuntan a ello. Podéis preguntar a los que me conocen.
Sea como sea, miro la previsión del tiempo y veo que para mañana la máxima va a ser de 19º. Pues nada. A preparar el arsenal de antigripales, porque esto no va a traer nada bueno.
A cada tiempo, su tiempo.
domingo, 24 de enero de 2016
jueves, 14 de enero de 2016
De fútbol e intensidades
Puesto que todo el mundo está opinando a sus anchas de lo que pasó en el partido de copa de ayer, no me voy a quedar callada, ya que estoy leyendo y, sobre todo, escuchando cada panoyada que me pone de bastante mala leche. Sobre todo porque se supone que todos estamos de acuerdo en que hay que erradicar la violencia de los campos de fútbol, sí o sí.
Flaco favor le hace a esa lucha que los comentaristas de radio justifiquen la agresividad de los jugadores porque para ellos es el partido más importante del año, o que otros digan que el partido de ayer fue ejemplar por parte de los jugadores cuando uno le da un puñetazo en toda la jeta al portero del equipo contrario, y otro le hace un placaje a Messi que le deja la cara como un tomate y un ojo morado.
Me canso de leer y escuchar que ese tipo de cosas son el recurso que les queda a los equipos pequeños para luchar contra los equipos que les multiplican el presupuesto hasta el infinito. ¿De verdad es ese un argumento válido? He visto equipos pequeñitos no, casi mínimos, salir al Camp Nou o al Bernabeu a dejarse el alma corriendo por un campo que es dos veces el suyo, luchar como titanes contra jugadores que se llevan en un día más dinero del que ellos se atreverían a soñar ganar en un año de trabajo y no pegar ni una sola patada.
Sin embargo, desde hace años, se está hablando en todos los programas de fútbol sobre el famoso "juego aguerrido" o "intensidad", cuando en realidad se tendría que estar hablando de equipos leñeros, como toda la vida se les ha llamado.
Por mi parte me niego a aceptar esa manera de jugar como un sistema de juego, porque hace precisamente todo lo contrario que se debería de ver sobre un campo. Constantes interrupciones, protestas estúpidas para calentar al jugador contrario y hacer que le saquen tarjeta, piscinazos, insultos...
Tema aparte es el de las pancartas, que en el caso de ayer y algunos otros partidos no tiene justificacion ninguna que la seguridad del campo del equipo local las haya permitido no solo en una o en dos, sino hasta en cinco ocasiones. Dejando aparte el mal gusto de lo escrito en las famosas pancartas, lo más preocupante del tema es saber como se las apañaron los gorilas de turno para meterlas en el campo cuando (dicho por un periodista que lo sufrió) se cacheó a todo el mundo antes de entrar. Así que es lógico pensar que las pancartas ya estaban dentro, cosa que embarra aún más el asunto, porque ello implicaría complicidad del club. O eso, o bien el equipo de seguridad del campo hizo la vista gorda, cosa aún más grave, porque si les han dejado pasar ese tipo de pancartas sin problemas, quien sabe qué más podrían llegar a pasar los energúmenos de turno.
No hemos aprendido nada de todo lo que ha pasado en los campos de fútbol en los últimos años. Partidos broncos hasta el límite de la agresión. Quedadas entre "aficionados" para apalizarse antes, después o incluso durante determinados partidos. Declaraciones incendiarias de jugadores, directivos o entrenadores. Titulares escandalosos y provocadores de panfletos de uno u otro signo, justificando lo que antaño condenaban y viceversa.
El fútbol es un deporte hermoso si se juega bien. No voy a tratar de convencer a los que ya lo tienen asimilado como fuente de garrulismo o incultura. Los verdaderos aficionados al fútbol saben que lo mejor de un partido no es que tus jugadores sean los mas bestias, ni los que mas ridiculicen al contrario, sino que sean capaces de hacer un juego bonito, rápido, con intensidad bien entendida, presionando sin hacer faltas, dejandose el aire en el campo para llegar de un extremo a otro, compitiendo con limpieza y sin patadas. Que se pueda acabar el partido y ver a los miembros de los dos equipos despedirse con un saludo y una sonrisa, no gritándose como animales.
Pero parece que últimamente lo que prima es el ganar como sea. Incluso presumiendo después de que no se ha zurrado tanto, porque si se hubiera querido, alguno de los contrarios sale en camilla.
Así entiendo que se carguen de razones los que denostan el fútbol y nos tachan a los aficionados de ganado.
Sigamos así pues.
Flaco favor le hace a esa lucha que los comentaristas de radio justifiquen la agresividad de los jugadores porque para ellos es el partido más importante del año, o que otros digan que el partido de ayer fue ejemplar por parte de los jugadores cuando uno le da un puñetazo en toda la jeta al portero del equipo contrario, y otro le hace un placaje a Messi que le deja la cara como un tomate y un ojo morado.
Me canso de leer y escuchar que ese tipo de cosas son el recurso que les queda a los equipos pequeños para luchar contra los equipos que les multiplican el presupuesto hasta el infinito. ¿De verdad es ese un argumento válido? He visto equipos pequeñitos no, casi mínimos, salir al Camp Nou o al Bernabeu a dejarse el alma corriendo por un campo que es dos veces el suyo, luchar como titanes contra jugadores que se llevan en un día más dinero del que ellos se atreverían a soñar ganar en un año de trabajo y no pegar ni una sola patada.
Sin embargo, desde hace años, se está hablando en todos los programas de fútbol sobre el famoso "juego aguerrido" o "intensidad", cuando en realidad se tendría que estar hablando de equipos leñeros, como toda la vida se les ha llamado.
Por mi parte me niego a aceptar esa manera de jugar como un sistema de juego, porque hace precisamente todo lo contrario que se debería de ver sobre un campo. Constantes interrupciones, protestas estúpidas para calentar al jugador contrario y hacer que le saquen tarjeta, piscinazos, insultos...
Tema aparte es el de las pancartas, que en el caso de ayer y algunos otros partidos no tiene justificacion ninguna que la seguridad del campo del equipo local las haya permitido no solo en una o en dos, sino hasta en cinco ocasiones. Dejando aparte el mal gusto de lo escrito en las famosas pancartas, lo más preocupante del tema es saber como se las apañaron los gorilas de turno para meterlas en el campo cuando (dicho por un periodista que lo sufrió) se cacheó a todo el mundo antes de entrar. Así que es lógico pensar que las pancartas ya estaban dentro, cosa que embarra aún más el asunto, porque ello implicaría complicidad del club. O eso, o bien el equipo de seguridad del campo hizo la vista gorda, cosa aún más grave, porque si les han dejado pasar ese tipo de pancartas sin problemas, quien sabe qué más podrían llegar a pasar los energúmenos de turno.
No hemos aprendido nada de todo lo que ha pasado en los campos de fútbol en los últimos años. Partidos broncos hasta el límite de la agresión. Quedadas entre "aficionados" para apalizarse antes, después o incluso durante determinados partidos. Declaraciones incendiarias de jugadores, directivos o entrenadores. Titulares escandalosos y provocadores de panfletos de uno u otro signo, justificando lo que antaño condenaban y viceversa.
El fútbol es un deporte hermoso si se juega bien. No voy a tratar de convencer a los que ya lo tienen asimilado como fuente de garrulismo o incultura. Los verdaderos aficionados al fútbol saben que lo mejor de un partido no es que tus jugadores sean los mas bestias, ni los que mas ridiculicen al contrario, sino que sean capaces de hacer un juego bonito, rápido, con intensidad bien entendida, presionando sin hacer faltas, dejandose el aire en el campo para llegar de un extremo a otro, compitiendo con limpieza y sin patadas. Que se pueda acabar el partido y ver a los miembros de los dos equipos despedirse con un saludo y una sonrisa, no gritándose como animales.
Pero parece que últimamente lo que prima es el ganar como sea. Incluso presumiendo después de que no se ha zurrado tanto, porque si se hubiera querido, alguno de los contrarios sale en camilla.
Así entiendo que se carguen de razones los que denostan el fútbol y nos tachan a los aficionados de ganado.
Sigamos así pues.
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