miércoles, 14 de diciembre de 2016

De sinvergüenzas y cabreados

Soy una madre cualquiera, rondando los 40 años, que lleva casi 4 en el paro y con muy pocas esperanzas de retornar al mercado laboral en un puesto de trabajo medianamente estable.
En mi casa entra el sueldo de mi marido y la ayuda familiar, que está a punto de agotarse.

No hablo en nombre de nadie más que de mi misma, no represento a nadie ni me quiero poner como ejemplo ni ser abanderada de nada ni de nadie, aunque puede que algunos y algunas os veáis identificados conmigo, porque ya somos demasiados los puteados, los humillados, los cabreados.

Y me siento así de puteada, humillada y cabreada casi cada día, porque cada día me sorprendo menos con los escándalos con los que nos obsequian nuestros queridos politicuchos, me da igual del partido que sean, aunque reconozco que los que más me joden son los del partido en el gobierno, porque mientras destrozan sin compasión lo que una vez fue el famoso estado del bienestar, una tiene la sensación de que se chotean de nosotros a la puta cara, y nos restriegan día sí, día también que son ellos los que mandan, y que, por tanto, hacen lo que les sale de las narices.

Si no es así, que alguien me explique lo de la señora Villalobos, que dice que los trabajadores españoles salen tarde porque se quedan hablando de fútbol y toros.
Pues no, señora, algunos trabajadores salen pero que muy tarde, porque necesitan echar horas extras, horas que muchas veces ni se pagan, o se hacen a precio de risa, y todo para poder llegar a fin de mes, esa utopía que muchos ya nos hemos marcado como propósito de año nuevo, porque lo que es este, bueno, ya lo damos por perdido.

O que alguien me explique lo de la señora vicepresidenta del gobierno, que con todo su rostro, no solo utiliza su cochazo oficial (que pagamos entre todos) para irse de compritas al Primark, sino que encima lo aparca en el carril bus, que para que coño va a pagarse un parking como un vulgar currito.

Y ya el remate lo da la "señora" (permitidme el entrecomillado, que lo de que sea señora, por mucho título que tenga, lo pongo muy en duda) Aguirre, cuando sale a defender a su compi, soltando que claro, el sueldo de político solo llega para ir al Primark, pobre Sorayita, comprando bragas de 5€ el paquete de 6.

"Señora" Aguirre, lamentablemente, en esta mierda de país que nos están componiendo ustedes, la mayoría de los curritos se da con un canto en los dientes si puede ir al Primark a comprarse ropa, porque, aunque a usted le parezca indigno de su persona llevar ropa de esa marca, a algunos nos cuesta llegar incluso a ella.

Los que sí que tenemos que mirar (y bastante) el saldo de nuestra cuenta, no como su amigo Mariano, ni como usted, que estoy segura de que no lo necesita, nos echamos las manos a la cabeza cuando llega el 15 de cada mes, porque vemos lo que nos queda en la cuenta, y lo que nos queda por pagar, que las más de las veces supera con creces el saldo. Así pues, lo de ir a comprar a Primark lo tomamos como un extra, y nos lo miramos muy pero que muy bien, y muchas veces vamos porque no queda otro remedio, porque los niños tienen una manía de crecer que no es normal, y claro, los muy puñeteros necesitan ropa cada dos por tres, mire usted si serán desgraciados.

"Señora" Aguirre, señora Villalobos, señora Saez de Santamaría, ya que están ustedes tan preocupadas de su economía y de las necesidades de los españolitos de a pié, como demuestran continuamente (¿es necesario que ponga que lo anterior es una ironía? Por si acaso...),e intentan darnos sus sabios consejos a la vez que lamentan amargamente que su indigno sueldo les lleve a rebajarse a comprar en tiendas en las que compra el populacho, permitan que yo les devuelva humildemente el inmenso favor que nos hacen al velar por nuestros intereses y desvelarse con nuestros quebrantos y dejen que sea yo la que esta vez les de un consejo. No nos tomen por gilipollas.

Porque, aunque les pese, su futuro político está en nuestras manos, y aunque ya son muchas las veces en las que me he llevado la ostia pensando que nos habíamos hartado de ustedes y su morro, pero no, otra vez que vuelven a ganar, todavía tengo la esperanza (je, que gracia que salga esa palabreja) de que un día les demos una patada en el culo tan sonora que la registren los sismómetros de medio mundo, y que su relamido y mimado trasero esté resentido durante los mismos años que ustedes llevan puteando, humillando y cabreando al personal.

Así que, hágannos un favor a todos, y cierren la boquita, o al menos, piensen la estupidez que van a soltar por ella antes de quedar como imbéciles, que eso se les da de maravilla.