martes, 22 de julio de 2014

Rabia

Llevo días dándole vueltas a la cabeza, no sabía si debía o no escribir sobre todo lo que está pasando en Gaza, sobre lo que está haciendo Israel. Y no porque no tenga nada que decir, durante todo este tiempo no me he quedado callada, sino porque no sabía si sería capaz de controlar mis palabras, de no dejar que fluyera la rabia y el cabreo que me quema por dentro cada vez que veo, leo o escucho las informaciones que provienen de allí.
La verdad es que no creo que sea capaz de contenerme, pero procuraré mantener mis palabras dentro de un límite, no quiero desacreditarme a mí misma poniendo por escrito todas las barbaridades que se me pasan por la cabeza.
No puedo entender en nombre de qué causa un pueblo puede permanecer impasible viendo como día tras día masacran sin piedad a sus vecinos, que no son unos desconocidos que viven a millones de kilómetros, sino que los tienen al lado. Lo que menos entiendo de todo es en qué cabeza cabe que sea legítimo bombardear indiscriminadamente a una población, sin distinción ninguna de edad, condición o estado de salud.
¿Cómo es posible que un pueblo que continuamente alude a su historia de persecuciones y masacres esté ahora haciendo eso mismo contra otro pueblo? ¿Cómo se convence a todo un país de que tienen el derecho legítimo para arrebatar sus tierras a otro, llevándose por delante a miles de personas?
He de decir que la maquinaria de propaganda del gobierno israelí debe de ser muy superior a la que en su momento tuvieron los nazis, pues no sólo han conseguido que sus conciudadanos estén convencidos de que están haciendo lo que deben, sino que han silenciado al resto del mundo, que mira lo que está pasando, en los mejores casos, apretando los dientes para no vomitar, en el peor, asintiendo con la cabeza como un padre benevolente que sabe que su hijo es el matón del colegio y en su interín está orgulloso de ello.
El gran poder de Israel no es sólo el dinero, que también, es el remordimiento.
Todo el mundo se horrorizó y aún se horroriza con lo que hicieron los nazis alemanes con el pueblo judío. Es lógico, y es deseable que todos recordemos lo que puede pasar cuando las ideas delirantes de un lider con carisma van calando en el día a día de todo un pueblo, llegando a conseguir que ese pueblo se crea con el derecho de exterminar al objeto de sus obsesiones y que no los vean casi como seres humanos, sino como obstáculos, como usurpadores que les roban lo que es suyo. Seguro que os suena de algo...
En el caso de los israelíes no es tanto la presencia de un lider con carisma como el goteo contínuo de ideas con el que se ha regado al pueblo desde el gobierno, llegando a convencerles de que la vida de los palestinos no es más que una piedra que se han de sacudir del zapato para conseguir sus objetivos.
Lo inconcebible de todo esto es que el pueblo israelí, perseguido, acosado, torturado y asesinado, se ha convertido en todo lo que siempre ha odiado, en perseguidor, acosador, torturador y asesino.
Y todo esto con el beneplácito de la mal llamada Comunidad Internacional, que de Comunidad está demostrando que tiene más bien poco.
Es vomitivo escuchar la tibias condenas de las grandes potencias, las regañinas ligeras, el mirar para otro lado y el justificarlo todo en aras de una "autoprotección" que hace ya mucho que ha perdido el poco sentido que pudiera tener...todos conocemos las imágenes de las piedras contra los tanques.
Está claro que el poderío económico de Israel tiene cogido por los huevos a cualquiera que pudiera hacerles frente, así que nadie se moja, por miedo a las consecuencias.
Mientras tanto, los niños, los enfermos, los ancianos, las mujeres, los inocentes, siguen muriendo de maneras terribles en ocasiones. Y lo peor de todo es que los supervivientes se agarrarán a los terroristas de Hamas como sus únicos salvadores, puesto que el resto del mundo les ignora...Me pregunto si es ese el objetivo real del gobierno israelí, convencernos a todos de que todos los palestinos apoya a los terroristas para tener así la excusa perfecta para exterminarlos sin piedad.
Al final, lo que queda es el lamento de los niños, las lágrimas de las madres, la mirada horrorizada del pueblo llano, mientras sus dirigentes juegan a sus juegos, aplastando todo lo que se les pone por delante.
Y la rabia...
Y la rabia es peligrosa...

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