Una piensa a veces que ya lo ha visto todo, que nada podrá sorprenderla, y en cuanto pones la radio o te metes en internet, te das cuenta de que aún te queda muuuucho por ver en esta miseria humana llamada política.
Ya no se trata de que hayan pillado a tal o cual político trincando, cosa que vemos día sí, día también. La cosa llega a límites tan chuscos que rozan el guión de peli de esas de humor absurdo, en las que te ríes porque el gag es tan malo, que no te queda otra.
El problema de todo esto, es que no hace ni puta gracia, porque estos payasos redomados que nos gobiernan (o que pretenden hacerlo ahora desde la oposición, me da igual) tienen el poder para decidir sobre las vidas de millones de personas a las que están dejando sin ninguna esperanza. ¿Y qué hacen con ese poder? Llenarse los bolsillos, y forrarse bien el riñoncito, que parece que lo de que la crisis se está acabando no termina de ser verdad, y no vaya a ser que le pille a ellos sin un Gucci que echarse a los piés. ¡Válgame Dios! (O quien sea)
El tema es que estos sinvergüenzas, a los que se les llena la boca criticando las corruptelas del vecino, tienen mil y una maneras diferentes de hacerse los tontos, desde decir que no sabían nada, a que lo han heredado de la abuela, que la mujer hizo fortuna regentando un chigre de pueblo, y claro, lógicamente, lo ingresó en una cuenta en Suiza. ¿Qué abuela no lo hace?
Al final todo esto es como el juego ese en el que dos personas sujetan una goma elástica, cada uno por un extremo, y tiran de ella, a ver quien es el último que lo suelta. Hasta ahora lo de aguantar nos tocaba siempre a los mismos, que acabábamos llevándonos el gomazo en las uñas, con lo que duele eso, y a los que solo nos quedaba la opción de volver a coger nuestro lado, mientras en el otro se iban alternando unos y otros, todos con las mismas sonrisas de tiburón que huele sangre, prometiendo el oro y el moro hasta que conseguían aposentar sus culos en el sillón del poder. Luego, ya apoltronados, se olvidaban de todo lo prometido, y si te he visto no me acuerdo, y si no te gusta lo que hacemos, te jodes durante cuatro años, que para eso has votado y con ello ya has cumplido.
Por primera vez, se huele que esto no va a volver a colar. Al parecer, nos hemos cansado ya de llevarnos gomazos en los dedos, y por lo que se barrunta, esta vez soltaremos nosotros primero. Han tensado tanto la goma, que, aunque no han llegado a romperla, el ostion va a ser de órdago, y el culo lo sentarán, no en la poltrona, sino en el duro suelo. Vamos, en el mismo sitio que llevamos sentándolo nosotros durante casi cuarenta años (que se dice pronto).
Estos impresentables que han vivido por encima de nuestras posibilidades durante todo el tiempo que han podido, se atreven ahora a decir que los nuevos, los que les están haciendo temblar, son poco menos que los jinetes del Apocalipsis. Yo no digo que los que vienen tengan la varíta mágica para arreglar todo este desastre, pero desde luego, no pueden hacerlo peor que los que hasta ahora se venían alternando en el poder. Al menos, traen ilusión y todas las ganas del mundo de luchar para intentar, si no solucionarlo, intentar aliviar un poco la fiebre que estamos padeciendo los de siempre, desde hace demasiado tiempo.
Puede que, si al final triunfan, paguen por ilusos, o por novatos, o acaben como acabaron los de antes, pero yo voy a permitirme tener la esperanza de que no va a ser así, de que alguien pensará en los de abajo antes que en los de arriba, y que las cosas mejorarán.
Puede que de verdad llegue el apocalipsis, como tánto se llenan la boca en anunciar este atajo de ladrones que nos han estado gobernando, pero lo que esta panda de ignorantes venidos arriba no entiende, es que apocalipsis significa revelación, o quitar el velo.
Puede que al fin, nos hayamos quitado el velo y hayamos entendido que el fin del mundo no llega del cielo, sino de los inútiles que tratan a su propio pueblo como si fueran sus sirvientes, cuando en realidad es al revés.
Bienvenido sea el apocalipsis.
No hay comentarios:
Publicar un comentario