En este país tenemos una costumbre muy curiosa: dar lecciones a todo el que está con el agua al cuello, a la vez que agachamos la cabeza y nos encogemos como ratitas con los poderosos.
A los hechos me remito. Desde que aparecieron las imágenes del Ministro griego, el famoso Varoufakis, comiendo con su señora (¡y nada menos que pescado con ensalada, que desfachatez!), he leído todo tipo de comentarios dándole palos por hacer ostentación (?????) mientras el pueblo griego las está pasando canutas. Por no mencionar la cantidad de chorradas que se leyeron en periódicos supuestamente serios cuanso se le vió con la bufanda de marras.
Tiene cojones que sea precisamente desde aquí, el país cuna de los jetas más impresionantes que hayan pisado la tierra, desde donde se haya montado todo este circo.
Ahora nos las damos de dignos, diciendo que los dirigentes de un pueblo en crisis tienen que mantener las formas. Venga ya.
Si empezáis a buscar un poquito, seguro que encontráis facilísimamente montones de imágenes de dirigentes actuales y anteriores, de los dos partidos que hasta ahora se han alternado en el poder político, ya no haciendo ostentación de poder y riqueza, sino rayando la obscenidad en sus lujos. Eso para no entrar en la mera existencia de esa institución arcana y pozo sin fondo de dineros públicos llamada monarquía, que ya no es que tengamos un rey, sino que nos parece poco y tenemos un rey emérito, al que mantenemos con toda la alegría del mundo, porque es muy campechano.
Me da la risa que un país cuyo partido en el gobierno tiene más causas por corrupción que la mafia napolitana se ponga estupendo con nadie.
No voy a defender a capa y espada a un partido político del que desconozco casi todo, pues hasta ahora aquí sólo ha llegado lo más mediático, o sea, las promesas de Tsipras o la chupa de cuero de Varoufakis, que encima tiene el descaro de ir sin corbata a las reuniones del Eurogrupo. Anda que no estará la señorita Rottenmeier echando espumarajos por la boca.
Al final, lo que me cabrea de todo esto, es la salida en tromba de los medios de comunicación contra los nuevos rostros de la política europea, en su mayoría muchísimo más preparados que la recua de indecentes y trasnochados que tenemos en la actualidad, metiéndose incluso en chorradas de su vida privada para intentar desacreditarles a toda costa, no vaya a ser que al final lo del cambio vaya en serio y los estómagos agradecidos que dirigen los principales medios informativos de este país de pandereta vean peligrar su estatus.
Menos demagogia y más periodismo, señores.
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