Volver por unos días al pueblo donde pasaste la mayor parte de tu vida provoca una mezcla de sensaciones que a ratos es difícil de gestionar. Sobre todo, si, como es mi caso, los recuerdos, aún suavizados por la distancia temporal, tiran más a amargos que a dulces.
No voy a hacerme la mártir y decir que mi infancia-adolescencia-parte de mi vida adulta fue difícil, sería un insulto a la gente que sí lo pasó mal durante ese período de su vida, como fue el caso de mis padres, por poner un ejemplo cercano, fruto de las situaciones familiares que les tocó vivir.
Sin embargo, tampoco voy a mentir, y decir que todo fue bonito, que tuve lo que quise y que hice lo que me dió la gana. Viví con la relativa comodidad de la clase media tirando a baja, y aunque es cierto que nunca nos faltó lo básico, también lo es que hubo épocas en las que tocaba apretar los dientes y tirar como se podía.
El sentimiento que me provocan estos días de vuelta a casa siempre es el mismo, una sonrisa triste, de esas cargadas a medias de añoranza y pequeños rencores con el pueblo que me vió crecer. Y ahora que me falta papá, más aún. Ese pellizco en el corazón cada vez que se abre la puerta nunca curará.
Siempre quise salir de aquí. Me sentía como un pájaro enjaulado, con pocas oportunidades para crecer y avanzar. Y a fé que lo hice. En cuanto pude me fui, sin mirar atrás y sin querer volver más allá de estos días de vacaciones o puentes.
Pero tampoco sería justo no decir que hay algo de terapéutico y curativo en estas visitas. En volver a sentarme en el alfeizar de la ventana del balcón a ver pasar el tiempo mientras el solete me da de pleno. A dar un paseo por las calles que tanto me pateé, muchas veces soñando con no volver a pisarlas. En ver como Leo disfruta del placer tan añorado de salir a jugar a la calle sin peligro alguno, la libertad de ir a darle unas patadas al balón con los amigos sin tener que estar supervisado por un adulto, las gamberradas inocentes, las tardes eternas en las que siempre es pronto para volver a casa, el cansancio de haber callejeado durante todo el día. Vivo a través de sus ojos esa infancia que yo tuve la suerte de tener y que no valoré en su momento, pero que ahora soy capaz de tasar a precio de oro.
Mañana volveré a mi ciudad. Ruidosa, contaminada, llena de gente que no te importa y a la que no le importas, con sus prisas, sus compromisos, y que a pesar de todo adoro. Y regresaré a mi rutina con las pilas cargadas, y con la sensación reconfortante de saber que, cuando lo vuelva a necesitar, tendré mi lugar de calma y descanso. El pueblo donde crecí y del que tantas ganas tuve de escapar.
lunes, 24 de febrero de 2020
miércoles, 1 de enero de 2020
2020
Espera lo mejor, prepárate para lo peor. Esa ha venido siendo una de mis máximas en los últimos tiempos. Sé que como filosofía de vida suena bastante pobre, pero siempre he tenido tendencia al pesimismo, y eso combinado con una sucesión de épocas convulsas, hizo que me escudara detrás de esa sentencia en muchas ocasiones.
Por una parte es una manera de protegerse. Si ya tienes en la cabeza que lo peor puede pasar, pues no te pillará con las defensas demasiado bajas si es lo que acaba ocurriendo, y oye, te llevas una alegría grande cuando no pasa. Pero también tiene un peligro, y es que te acabas conformando con lo mediocre, lo ordinario, lo que no te da la felicidad, es cierto, pero tampoco te hace mucha pupa. Eso es lo que me acabó pasando a mí.
Es cierto que lo de los propósitos de Año Nuevo no deja de ser un brindis al sol. Cuando cambiamos de año, nos sentimos con ganas de hacer cosas diferentes, de dejar hábitos tóxicos y de intentar mejorar nuestra calidad de vida cambiando nuestra manera de pensar. Luego llega el día a día y los buenos propósitos se complican, se enrevesan y se tuercen, así que en su mayor parte, los abandonamos y nos resignamos a volver a la normalidad.
Me gustaría pensar que este año va a ser diferente. El 2020 se abre ante mí como un año lleno de retos. Y no hablo de deseos comunes y algo vacíos como volver al gimnasio o retomar el curso de inglés, este año va de otra cosa.
El reto es cambiar mi vida. Sacudir sus cimientos y pegarle un buen meneo a esta mediocridad en la que me he visto envuelta casi sin saber como, pero fruto de mi tendencia natural al pesismismo y a bajar la cabeza. Se presenta un año duro. Lo tengo asumido, porque todo está preparado para que estalle una guerra, y tendré que armar las defensas. Pero esta vez no me voy a refugiar en la relativa comodidad de la sentencia de inicio. O espero ser capaz de no hacerlo.
Otra frase de esas muy repetidas y que aparecen en todas las páginas de motivación personal es esa que dice que si quieres resultados diferentes, no puedes hacer siempre lo mismo.
Bien. Pues ese será mi mayor desafío esta vez. Esperar lo mejor, y prepararme para que llegue.
Que la Fuerza me acompañe.
Por una parte es una manera de protegerse. Si ya tienes en la cabeza que lo peor puede pasar, pues no te pillará con las defensas demasiado bajas si es lo que acaba ocurriendo, y oye, te llevas una alegría grande cuando no pasa. Pero también tiene un peligro, y es que te acabas conformando con lo mediocre, lo ordinario, lo que no te da la felicidad, es cierto, pero tampoco te hace mucha pupa. Eso es lo que me acabó pasando a mí.
Es cierto que lo de los propósitos de Año Nuevo no deja de ser un brindis al sol. Cuando cambiamos de año, nos sentimos con ganas de hacer cosas diferentes, de dejar hábitos tóxicos y de intentar mejorar nuestra calidad de vida cambiando nuestra manera de pensar. Luego llega el día a día y los buenos propósitos se complican, se enrevesan y se tuercen, así que en su mayor parte, los abandonamos y nos resignamos a volver a la normalidad.
Me gustaría pensar que este año va a ser diferente. El 2020 se abre ante mí como un año lleno de retos. Y no hablo de deseos comunes y algo vacíos como volver al gimnasio o retomar el curso de inglés, este año va de otra cosa.
El reto es cambiar mi vida. Sacudir sus cimientos y pegarle un buen meneo a esta mediocridad en la que me he visto envuelta casi sin saber como, pero fruto de mi tendencia natural al pesismismo y a bajar la cabeza. Se presenta un año duro. Lo tengo asumido, porque todo está preparado para que estalle una guerra, y tendré que armar las defensas. Pero esta vez no me voy a refugiar en la relativa comodidad de la sentencia de inicio. O espero ser capaz de no hacerlo.
Otra frase de esas muy repetidas y que aparecen en todas las páginas de motivación personal es esa que dice que si quieres resultados diferentes, no puedes hacer siempre lo mismo.
Bien. Pues ese será mi mayor desafío esta vez. Esperar lo mejor, y prepararme para que llegue.
Que la Fuerza me acompañe.
domingo, 15 de diciembre de 2019
Emociones
Mi padre solía llamarme pistón. Y la verdad es que no puede ser más acertada la analogía. Soy ese tipo de persona que primero habla o actúa, y luego ya piensa. Ni que decir tiene que ser así me ha traído disgustos y me he llevado ostias como panes, pero es algo que va con mi carácter, que nunca he podido cambiar, y que, llegadas las alturas de la vida en las que estamos, así se va a quedar.
Hay veces en las que me gustaría ser más fría, ser capaz de analizar las cosas pausadamente y luego ya reaccionar en consecuencia, pero qué queréis, por muy del Norte que sea, se ve que soy de sangre caliente, me pierde la boca.
No sabría decir si esto es un defecto o una virtud, supongo que todo depende del momento, el lugar, y la parte en la que esté cada uno. A quien le haya tocado vivir alguno de mis ataques de temperamento seguramente dirá que es un fallo, de hecho ya me lo han dicho más de una vez de varias maneras diferentes. Te entregas demasiado, hablas demasiado, sientes demasiado...piensas demasiado.
Esto último resulta cuando menos curioso. Me acusan de darle muchas vueltas a las cosas, y lo peor es que es totalmente cierto. ¿Cómo es posible pensar de más, y a la vez ser pura emoción? Bien, después de 41 años siendo como soy, sólo puedo explicarlo de una manera: estoy fuera de definición.
Tiene pinta de ser genético, porque precisamente la persona que me colocó el apodo de pistón era de la misma hechura, y me temo que mi pequeña obra de arte va por el mismo camino que su madre. Algo me dice que la adolescencia en esta casa va a ser pero que muy divertida...
En realidad eso me preocupa. Conozco la sensación de que te puedan las emociones, y la pupa que te puede llegar a hacer ser todo corazón, así que no puedo evitar echarme a temblar pensando en lo que se le viene encima a mini yo. Espero poder prepararle para un mundo en el que se penaliza el ser emocional, aunque me parece que no soy la mejor para eso, ya que soy el ejemplo perfecto de como cagarla metódicamente. Tendré que contratar un coach...
Al final supongo que lo que él vaya viviendo irá moldeando su personalidad, y aunque me esfuerce en intentar evitarle golpes, se los llevará, lo mismo que yo, lo mismo que todos. La cuestión será como esa cabecita que tanto me recuerda a la mía será capaz de asimilar tanta leche, y de evolucionar con ellas.
Pero esa ya será su historia.
Hay veces en las que me gustaría ser más fría, ser capaz de analizar las cosas pausadamente y luego ya reaccionar en consecuencia, pero qué queréis, por muy del Norte que sea, se ve que soy de sangre caliente, me pierde la boca.
No sabría decir si esto es un defecto o una virtud, supongo que todo depende del momento, el lugar, y la parte en la que esté cada uno. A quien le haya tocado vivir alguno de mis ataques de temperamento seguramente dirá que es un fallo, de hecho ya me lo han dicho más de una vez de varias maneras diferentes. Te entregas demasiado, hablas demasiado, sientes demasiado...piensas demasiado.
Esto último resulta cuando menos curioso. Me acusan de darle muchas vueltas a las cosas, y lo peor es que es totalmente cierto. ¿Cómo es posible pensar de más, y a la vez ser pura emoción? Bien, después de 41 años siendo como soy, sólo puedo explicarlo de una manera: estoy fuera de definición.
Tiene pinta de ser genético, porque precisamente la persona que me colocó el apodo de pistón era de la misma hechura, y me temo que mi pequeña obra de arte va por el mismo camino que su madre. Algo me dice que la adolescencia en esta casa va a ser pero que muy divertida...
En realidad eso me preocupa. Conozco la sensación de que te puedan las emociones, y la pupa que te puede llegar a hacer ser todo corazón, así que no puedo evitar echarme a temblar pensando en lo que se le viene encima a mini yo. Espero poder prepararle para un mundo en el que se penaliza el ser emocional, aunque me parece que no soy la mejor para eso, ya que soy el ejemplo perfecto de como cagarla metódicamente. Tendré que contratar un coach...
Al final supongo que lo que él vaya viviendo irá moldeando su personalidad, y aunque me esfuerce en intentar evitarle golpes, se los llevará, lo mismo que yo, lo mismo que todos. La cuestión será como esa cabecita que tanto me recuerda a la mía será capaz de asimilar tanta leche, y de evolucionar con ellas.
Pero esa ya será su historia.
viernes, 21 de julio de 2017
Chester
Ayer por la tarde me enteré de la noticia. Chester Bennington, el cantante de mi grupo favorito, se había quitado la vida. 41 años.
Empezaba el siglo 21 cuando escuché de casualidad una canción, "In the end", que me llegó como un disparo al corazón. La música, la letra, todo se metió en mi cabeza, pero lo que más me pegó fue la voz de su cantante. Por entonces ni siquiera sabía que grupo era el que había escuchado, y menos todavía el nombre que tenía esa voz desgarrada que me había impactado tan fuerte.
Luego vi el vídeo. Esa estética apocalíptica y oscura pegaba tan bien con mi estado de ánimo por aquel tiempo que no pude más que enamorarme del grupo. Y por fin le puse cara a la voz que me dejaba sin aire.
Me hice con el disco, Hybrid Theory, y en los peores momentos de mi vida, hundida hasta el cuello en la anorexia y con mil mierdas en la cabeza, me parecía que cada una de sus canciones hablaba de mi. "Crawling" la escuché unas cien mil veces. "One step closer" definía mi estado de ánimo. Me dejaba la garganta cantado "Papercut" . Ya estaba absolutamente enganchada. Y la voz de Chester me acompañaba en cada momento, tan peculiar, tan asombrosa. Sólo él era capaz de rompérsela en una estrofa y acariciarte con ella en la siguiente.
Unos años después llegó Meteora, y con el canciones que ahondaron más aún mi amor por el grupo. "Numb" es, ha sido y será uno de mis himnos. Con esa toqué fondo, y con "Breaking the Habit" apreté los dientes y volví a subir. "Somewhere I Belong"... bueno, pues eso es lo que yo andaba buscando, el lugar al que pertenecía.
En todos y cada uno de sus discos hay canciones que me han marcado.
Minutes to Midnigth, me regaló "Given Up", canción que aún hoy utilizo para sacar la rabia cuando me quema por dentro. "Leave Out All the Rest" me hizo llorar tantas veces...
Y después llegó A Thousand Suns, con otra canción que me llegó y que suelo ponerme en los auriculares a todo volumen, "Waiting for the End". Otro himno.
Con cada uno de sus discos me pasaba lo mismo. Hacían un giro de 180º en su estilo, cambiando todo a lo que me habían acostumbrado. En todos ellos pensaba "pero que habéis hecho" la primera vez que los escuchaba. A la segunda ya me dejaba llevar, y en la tercera escucha ya les acompañaba con la letra. Incluso con el último, el que reconozco que más me desconcertó. Ahora tarareo sus canciones y las tengo asumidas como algo mío.
Nunca conseguí ir a uno de sus conciertos. Cuando me enteré de que venían a Madrid pensé que por fin sería el día. Al final no fui. "Para la siguiente", pensé. Que poco me imaginaba que no iba a haber siguiente.
Ahora su voz se ha apagado, y, aunque pueda sonar exagerado, un trocito de mi corazón ha muerto con él. Aún no me puedo creer que no vaya a poder verle jamás en directo.
Hoy he intentado escuchar alguna de sus canciones. No he podido. He apagado a la mitad. Todavía me duele demasiado intentarlo.
Volveré. No puede ser de otra manera. Su voz forma parte de mi vida. La ha acompañado en muchas ocasiones y seguirá haciéndolo.
No conocía muchos detalles de su vida personal. Tampoco me preocupaba demasiado. Hoy he leído que de pequeño sufrió abusos y que nunca lo superó, que tuvo problemas de alcohol y de drogas, que la pérdida de su gran amigo Chris Cornell lo dejó devastado y no se recuperó. Una vida rota, tan desgarrada como su voz.
Espero que estés dónde estés, puedas por fin encontrar la paz. Aquí se queda tu recuerdo en forma de canciones. Esas que me seguirán hundiendo y elevando hasta los cielos.
Descansa por fin, Chester.
Empezaba el siglo 21 cuando escuché de casualidad una canción, "In the end", que me llegó como un disparo al corazón. La música, la letra, todo se metió en mi cabeza, pero lo que más me pegó fue la voz de su cantante. Por entonces ni siquiera sabía que grupo era el que había escuchado, y menos todavía el nombre que tenía esa voz desgarrada que me había impactado tan fuerte.
Luego vi el vídeo. Esa estética apocalíptica y oscura pegaba tan bien con mi estado de ánimo por aquel tiempo que no pude más que enamorarme del grupo. Y por fin le puse cara a la voz que me dejaba sin aire.
Me hice con el disco, Hybrid Theory, y en los peores momentos de mi vida, hundida hasta el cuello en la anorexia y con mil mierdas en la cabeza, me parecía que cada una de sus canciones hablaba de mi. "Crawling" la escuché unas cien mil veces. "One step closer" definía mi estado de ánimo. Me dejaba la garganta cantado "Papercut" . Ya estaba absolutamente enganchada. Y la voz de Chester me acompañaba en cada momento, tan peculiar, tan asombrosa. Sólo él era capaz de rompérsela en una estrofa y acariciarte con ella en la siguiente.
Unos años después llegó Meteora, y con el canciones que ahondaron más aún mi amor por el grupo. "Numb" es, ha sido y será uno de mis himnos. Con esa toqué fondo, y con "Breaking the Habit" apreté los dientes y volví a subir. "Somewhere I Belong"... bueno, pues eso es lo que yo andaba buscando, el lugar al que pertenecía.
En todos y cada uno de sus discos hay canciones que me han marcado.
Minutes to Midnigth, me regaló "Given Up", canción que aún hoy utilizo para sacar la rabia cuando me quema por dentro. "Leave Out All the Rest" me hizo llorar tantas veces...
Y después llegó A Thousand Suns, con otra canción que me llegó y que suelo ponerme en los auriculares a todo volumen, "Waiting for the End". Otro himno.
Con cada uno de sus discos me pasaba lo mismo. Hacían un giro de 180º en su estilo, cambiando todo a lo que me habían acostumbrado. En todos ellos pensaba "pero que habéis hecho" la primera vez que los escuchaba. A la segunda ya me dejaba llevar, y en la tercera escucha ya les acompañaba con la letra. Incluso con el último, el que reconozco que más me desconcertó. Ahora tarareo sus canciones y las tengo asumidas como algo mío.
Nunca conseguí ir a uno de sus conciertos. Cuando me enteré de que venían a Madrid pensé que por fin sería el día. Al final no fui. "Para la siguiente", pensé. Que poco me imaginaba que no iba a haber siguiente.
Ahora su voz se ha apagado, y, aunque pueda sonar exagerado, un trocito de mi corazón ha muerto con él. Aún no me puedo creer que no vaya a poder verle jamás en directo.
Hoy he intentado escuchar alguna de sus canciones. No he podido. He apagado a la mitad. Todavía me duele demasiado intentarlo.
Volveré. No puede ser de otra manera. Su voz forma parte de mi vida. La ha acompañado en muchas ocasiones y seguirá haciéndolo.
No conocía muchos detalles de su vida personal. Tampoco me preocupaba demasiado. Hoy he leído que de pequeño sufrió abusos y que nunca lo superó, que tuvo problemas de alcohol y de drogas, que la pérdida de su gran amigo Chris Cornell lo dejó devastado y no se recuperó. Una vida rota, tan desgarrada como su voz.
Espero que estés dónde estés, puedas por fin encontrar la paz. Aquí se queda tu recuerdo en forma de canciones. Esas que me seguirán hundiendo y elevando hasta los cielos.
Descansa por fin, Chester.
miércoles, 8 de marzo de 2017
De mujeres afortunadas
Tengo mucha suerte. Me lo dicen siempre. No sé de qué me quejo. Tengo mucha suerte porque vivo en un país en el que como mujer puedo trabajar. No importa que haciendo el mismo trabajo, cobremos menos que los hombres, o tengamos que trabajar el doble de duro para demostrar que somos dignas del puesto, ni que tengamos que elegir entre ser madres o trabajar, ni que en caso de emergencia se dé por supuesto que somos nosotras las que debemos de renunciar a la carrera profesional.
Soy afortunada. Después de todo vivimos en un país en el que se nos respeta, dicen, no como en otros en los que te expones a ser violada, vejada, humillada o utilizada por el mero hecho de ser mujer. Eso aquí no pasa. Aquí ningún hombre se cree con derecho a decirte lo buena o lo gorda que estás, o lo que te haría, o llamarte puta porque se te haya ocurrido responderle que no te apetece escuchar su opinión sobre tu cuerpo, muchas gracias. Aquí ningún hombre se cree con derecho a meterte mano porque le apetece, porque después de todo, es que vas provocando, si sales vestida como te da la real gana.
Tengo mucha suerte. Aquí podemos caminar seguras por la calle, no como en otros países. Porque lo de que un grupo de energúmenos te violen porque vas borracha, o porque les apetece, que para eso estamos, eso sólo pasa en países como la India. Aquí no tienes que volver a casa a paso ligero por la noche, sea porque acabas de salir de trabajar, sea porque has salido un fin de semana y te toca volver sola. Aquí no se te acelera el pulso cada vez que te cruzas con un hombre que te mira un poco más de la cuenta, ni vas echando miradas cada diez pasos por encima del hombro, porque no estas segura de si ese grupo de chicos que te ha dicho de todo cuando has pasado por delante de ellos, ha decidido que si una mujer va sola por la noche es que está pidiendo guerra. Y que no se haga la digna y lo niegue, que eso lo sabe todo el mundo.
Soy afortunada. En este país no tenemos que ver en prime-time programas que nos dejan como un mero objeto de consumo y babeo, como un par de tetas con el aderezo de un culo y unas piernas que sirven exclusivamente para que el sector masculino de la audiencia se quede clavadito en el sofá y no se le ocurra cambiar de canal. Y si para eso hay que poner un buen escote a la presentadora, reirse de la invitada o que el presentador acose y humille a todo ser femenino que se cruce en su campo de actividad, pues se hace, faltaría más. Después de todo, para eso servimos, para adornar, ser objeto de adoración, de chanza o de babeo.
Tengo mucha suerte. No necesito que nadie me de permiso para abrirme una cuenta en el banco, viajar, o abortar porque yo lo he decidido. Eso ya es pasado. Ahora soy dueña de mi vida. Puedo hacer lo que me da la gana sin tener que dar mil explicaciones de porque he tomado una decisión o la contraria. No tengo que justificarle a nadie porque he decidido tener o no tener hijos. Nadie me va a juzgar porque haya tomado un camino u otro.
Y sobre todo, soy muy pero que muy afortunada. Después de todo en este país no corremos peligro de muerte simplemente por ser mujeres. Aquí no se nos mata por no someternos al hombre. Aquí todas somos libres de abandonar a nuestra pareja si nos maltrata.
Que suerte tenemos todas las que vivimos en este país, ¿verdad?
Soy afortunada. Después de todo vivimos en un país en el que se nos respeta, dicen, no como en otros en los que te expones a ser violada, vejada, humillada o utilizada por el mero hecho de ser mujer. Eso aquí no pasa. Aquí ningún hombre se cree con derecho a decirte lo buena o lo gorda que estás, o lo que te haría, o llamarte puta porque se te haya ocurrido responderle que no te apetece escuchar su opinión sobre tu cuerpo, muchas gracias. Aquí ningún hombre se cree con derecho a meterte mano porque le apetece, porque después de todo, es que vas provocando, si sales vestida como te da la real gana.
Tengo mucha suerte. Aquí podemos caminar seguras por la calle, no como en otros países. Porque lo de que un grupo de energúmenos te violen porque vas borracha, o porque les apetece, que para eso estamos, eso sólo pasa en países como la India. Aquí no tienes que volver a casa a paso ligero por la noche, sea porque acabas de salir de trabajar, sea porque has salido un fin de semana y te toca volver sola. Aquí no se te acelera el pulso cada vez que te cruzas con un hombre que te mira un poco más de la cuenta, ni vas echando miradas cada diez pasos por encima del hombro, porque no estas segura de si ese grupo de chicos que te ha dicho de todo cuando has pasado por delante de ellos, ha decidido que si una mujer va sola por la noche es que está pidiendo guerra. Y que no se haga la digna y lo niegue, que eso lo sabe todo el mundo.
Soy afortunada. En este país no tenemos que ver en prime-time programas que nos dejan como un mero objeto de consumo y babeo, como un par de tetas con el aderezo de un culo y unas piernas que sirven exclusivamente para que el sector masculino de la audiencia se quede clavadito en el sofá y no se le ocurra cambiar de canal. Y si para eso hay que poner un buen escote a la presentadora, reirse de la invitada o que el presentador acose y humille a todo ser femenino que se cruce en su campo de actividad, pues se hace, faltaría más. Después de todo, para eso servimos, para adornar, ser objeto de adoración, de chanza o de babeo.
Tengo mucha suerte. No necesito que nadie me de permiso para abrirme una cuenta en el banco, viajar, o abortar porque yo lo he decidido. Eso ya es pasado. Ahora soy dueña de mi vida. Puedo hacer lo que me da la gana sin tener que dar mil explicaciones de porque he tomado una decisión o la contraria. No tengo que justificarle a nadie porque he decidido tener o no tener hijos. Nadie me va a juzgar porque haya tomado un camino u otro.
Y sobre todo, soy muy pero que muy afortunada. Después de todo en este país no corremos peligro de muerte simplemente por ser mujeres. Aquí no se nos mata por no someternos al hombre. Aquí todas somos libres de abandonar a nuestra pareja si nos maltrata.
Que suerte tenemos todas las que vivimos en este país, ¿verdad?
miércoles, 14 de diciembre de 2016
De sinvergüenzas y cabreados
Soy una madre cualquiera, rondando los 40 años, que lleva casi 4 en el paro y con muy pocas esperanzas de retornar al mercado laboral en un puesto de trabajo medianamente estable.
En mi casa entra el sueldo de mi marido y la ayuda familiar, que está a punto de agotarse.
No hablo en nombre de nadie más que de mi misma, no represento a nadie ni me quiero poner como ejemplo ni ser abanderada de nada ni de nadie, aunque puede que algunos y algunas os veáis identificados conmigo, porque ya somos demasiados los puteados, los humillados, los cabreados.
Y me siento así de puteada, humillada y cabreada casi cada día, porque cada día me sorprendo menos con los escándalos con los que nos obsequian nuestros queridos politicuchos, me da igual del partido que sean, aunque reconozco que los que más me joden son los del partido en el gobierno, porque mientras destrozan sin compasión lo que una vez fue el famoso estado del bienestar, una tiene la sensación de que se chotean de nosotros a la puta cara, y nos restriegan día sí, día también que son ellos los que mandan, y que, por tanto, hacen lo que les sale de las narices.
Si no es así, que alguien me explique lo de la señora Villalobos, que dice que los trabajadores españoles salen tarde porque se quedan hablando de fútbol y toros.
Pues no, señora, algunos trabajadores salen pero que muy tarde, porque necesitan echar horas extras, horas que muchas veces ni se pagan, o se hacen a precio de risa, y todo para poder llegar a fin de mes, esa utopía que muchos ya nos hemos marcado como propósito de año nuevo, porque lo que es este, bueno, ya lo damos por perdido.
O que alguien me explique lo de la señora vicepresidenta del gobierno, que con todo su rostro, no solo utiliza su cochazo oficial (que pagamos entre todos) para irse de compritas al Primark, sino que encima lo aparca en el carril bus, que para que coño va a pagarse un parking como un vulgar currito.
Y ya el remate lo da la "señora" (permitidme el entrecomillado, que lo de que sea señora, por mucho título que tenga, lo pongo muy en duda) Aguirre, cuando sale a defender a su compi, soltando que claro, el sueldo de político solo llega para ir al Primark, pobre Sorayita, comprando bragas de 5€ el paquete de 6.
"Señora" Aguirre, lamentablemente, en esta mierda de país que nos están componiendo ustedes, la mayoría de los curritos se da con un canto en los dientes si puede ir al Primark a comprarse ropa, porque, aunque a usted le parezca indigno de su persona llevar ropa de esa marca, a algunos nos cuesta llegar incluso a ella.
Los que sí que tenemos que mirar (y bastante) el saldo de nuestra cuenta, no como su amigo Mariano, ni como usted, que estoy segura de que no lo necesita, nos echamos las manos a la cabeza cuando llega el 15 de cada mes, porque vemos lo que nos queda en la cuenta, y lo que nos queda por pagar, que las más de las veces supera con creces el saldo. Así pues, lo de ir a comprar a Primark lo tomamos como un extra, y nos lo miramos muy pero que muy bien, y muchas veces vamos porque no queda otro remedio, porque los niños tienen una manía de crecer que no es normal, y claro, los muy puñeteros necesitan ropa cada dos por tres, mire usted si serán desgraciados.
"Señora" Aguirre, señora Villalobos, señora Saez de Santamaría, ya que están ustedes tan preocupadas de su economía y de las necesidades de los españolitos de a pié, como demuestran continuamente (¿es necesario que ponga que lo anterior es una ironía? Por si acaso...),e intentan darnos sus sabios consejos a la vez que lamentan amargamente que su indigno sueldo les lleve a rebajarse a comprar en tiendas en las que compra el populacho, permitan que yo les devuelva humildemente el inmenso favor que nos hacen al velar por nuestros intereses y desvelarse con nuestros quebrantos y dejen que sea yo la que esta vez les de un consejo. No nos tomen por gilipollas.
Porque, aunque les pese, su futuro político está en nuestras manos, y aunque ya son muchas las veces en las que me he llevado la ostia pensando que nos habíamos hartado de ustedes y su morro, pero no, otra vez que vuelven a ganar, todavía tengo la esperanza (je, que gracia que salga esa palabreja) de que un día les demos una patada en el culo tan sonora que la registren los sismómetros de medio mundo, y que su relamido y mimado trasero esté resentido durante los mismos años que ustedes llevan puteando, humillando y cabreando al personal.
Así que, hágannos un favor a todos, y cierren la boquita, o al menos, piensen la estupidez que van a soltar por ella antes de quedar como imbéciles, que eso se les da de maravilla.
En mi casa entra el sueldo de mi marido y la ayuda familiar, que está a punto de agotarse.
No hablo en nombre de nadie más que de mi misma, no represento a nadie ni me quiero poner como ejemplo ni ser abanderada de nada ni de nadie, aunque puede que algunos y algunas os veáis identificados conmigo, porque ya somos demasiados los puteados, los humillados, los cabreados.
Y me siento así de puteada, humillada y cabreada casi cada día, porque cada día me sorprendo menos con los escándalos con los que nos obsequian nuestros queridos politicuchos, me da igual del partido que sean, aunque reconozco que los que más me joden son los del partido en el gobierno, porque mientras destrozan sin compasión lo que una vez fue el famoso estado del bienestar, una tiene la sensación de que se chotean de nosotros a la puta cara, y nos restriegan día sí, día también que son ellos los que mandan, y que, por tanto, hacen lo que les sale de las narices.
Si no es así, que alguien me explique lo de la señora Villalobos, que dice que los trabajadores españoles salen tarde porque se quedan hablando de fútbol y toros.
Pues no, señora, algunos trabajadores salen pero que muy tarde, porque necesitan echar horas extras, horas que muchas veces ni se pagan, o se hacen a precio de risa, y todo para poder llegar a fin de mes, esa utopía que muchos ya nos hemos marcado como propósito de año nuevo, porque lo que es este, bueno, ya lo damos por perdido.
O que alguien me explique lo de la señora vicepresidenta del gobierno, que con todo su rostro, no solo utiliza su cochazo oficial (que pagamos entre todos) para irse de compritas al Primark, sino que encima lo aparca en el carril bus, que para que coño va a pagarse un parking como un vulgar currito.
Y ya el remate lo da la "señora" (permitidme el entrecomillado, que lo de que sea señora, por mucho título que tenga, lo pongo muy en duda) Aguirre, cuando sale a defender a su compi, soltando que claro, el sueldo de político solo llega para ir al Primark, pobre Sorayita, comprando bragas de 5€ el paquete de 6.
"Señora" Aguirre, lamentablemente, en esta mierda de país que nos están componiendo ustedes, la mayoría de los curritos se da con un canto en los dientes si puede ir al Primark a comprarse ropa, porque, aunque a usted le parezca indigno de su persona llevar ropa de esa marca, a algunos nos cuesta llegar incluso a ella.
Los que sí que tenemos que mirar (y bastante) el saldo de nuestra cuenta, no como su amigo Mariano, ni como usted, que estoy segura de que no lo necesita, nos echamos las manos a la cabeza cuando llega el 15 de cada mes, porque vemos lo que nos queda en la cuenta, y lo que nos queda por pagar, que las más de las veces supera con creces el saldo. Así pues, lo de ir a comprar a Primark lo tomamos como un extra, y nos lo miramos muy pero que muy bien, y muchas veces vamos porque no queda otro remedio, porque los niños tienen una manía de crecer que no es normal, y claro, los muy puñeteros necesitan ropa cada dos por tres, mire usted si serán desgraciados.
"Señora" Aguirre, señora Villalobos, señora Saez de Santamaría, ya que están ustedes tan preocupadas de su economía y de las necesidades de los españolitos de a pié, como demuestran continuamente (¿es necesario que ponga que lo anterior es una ironía? Por si acaso...),e intentan darnos sus sabios consejos a la vez que lamentan amargamente que su indigno sueldo les lleve a rebajarse a comprar en tiendas en las que compra el populacho, permitan que yo les devuelva humildemente el inmenso favor que nos hacen al velar por nuestros intereses y desvelarse con nuestros quebrantos y dejen que sea yo la que esta vez les de un consejo. No nos tomen por gilipollas.
Porque, aunque les pese, su futuro político está en nuestras manos, y aunque ya son muchas las veces en las que me he llevado la ostia pensando que nos habíamos hartado de ustedes y su morro, pero no, otra vez que vuelven a ganar, todavía tengo la esperanza (je, que gracia que salga esa palabreja) de que un día les demos una patada en el culo tan sonora que la registren los sismómetros de medio mundo, y que su relamido y mimado trasero esté resentido durante los mismos años que ustedes llevan puteando, humillando y cabreando al personal.
Así que, hágannos un favor a todos, y cierren la boquita, o al menos, piensen la estupidez que van a soltar por ella antes de quedar como imbéciles, que eso se les da de maravilla.
jueves, 11 de agosto de 2016
De lecturas nuevas que se hacen imprescindibles. Normal, de R. López Herrero.
Soy una lectora compulsiva, voraz. De esas que se sumergen en el mundo sobre el que trata el libro. De las que cojen un personaje de referencia (no necesariamente el principal) con el que se enganchan. De las que no pueden parar de leer, forzando las horas con la excusa de "sólo una página más, sólo hasta el final del capítulo". De las que pasan un tiempo de duelo cuando terminan un libro, paladeándo el final o acordándose de la familia del autor por el mismo.
Normalmente soy fija en cuanto al género de la magia, la fantasía, el terror, la ciencia ficción, y todas sus mezclas y derivados.
Creo que me he leído todos los títulos de Stephen King, algunos hasta dos o tres veces (La Torre Oscura es mi totem), y estoy que muerdo esperando que salga lo próximo de Canción de Hielo y Fuego, entre otros.
Patrick Rothfuss, Joe Abercrombie, Robert Sanderson, nuevos descubrimientos para mí como Robin Hobb, eran mis autores.
Y de repente, un día, me descubro comprando Normal, de R. López Herrero, de quien sólo conocía su faceta radifónica y con el que he intercambiado algunos tweets.
Reconozco que compré el libro sin saber muy bien de que iba, y por la simpatía que me despierta el autor, del que me encanta la capacidad que demuestra en Twitter para reírse de sí mismo y de todo lo que se le ponga por delante, entrando al trapo con gracia en provocaciones y saliendo siempre airoso de discursiones de todo tipo.
Así que me lancé de cabeza a su lectura, con la mente más abierta posible, pues, como ya he dicho, el policiaco no suele ser de mis géneros preferidos, aunque he leído bastante de Camilla Läckberg y no me prodigo por autores españoles.
Y de cabeza me metí en una trama vertiginosa, apabullante en ocasiones, tanto como el propio protagonista. Me sorprendí devorando páginas casi con gula, haciendo mías las sensaciones de los personajes, sintiendo las emociones de todos y cada uno de ellos como si fueran propias. Odiando al malo y admirando a la chica, sintiendo la misma descarga de energía que afecta al protagonista cuando en su cabeza salta el chispazo que le lleva un paso más hacia la resolución del caso. Aplaudiendo con las orejas al llegar al final y absolutamente fan de la última página, donde todo queda tan abierto que invita a disparar la imaginación en las implicaciones de lo desvelado. Lo cual, quiere decir, querido Roberto, que ESPERO que haya más.
Los personajes son totalmente creíbles, los escenarios están muy bien descritos y las tramas principal y paralelas se acoplan perfectamente, haciendo que desees saber más sobre cada personaje. Todo es tan realista, que si mañana leyera en cualquier periódico un titular referente a un crimen parecido...bueno, pensaría que ojalá le dieran el caso a Félix Fortea.
Lo único que me queda por hacer es felicitar una vez más al autor, y recomendar encarecidamente a todos los lectores voraces como yo, sean o no aficionados al género policiaco, que se entreguen a la lectura de Normal. Puedo garantizarles que no quedarán decepcionados en absoluto.
Normalmente soy fija en cuanto al género de la magia, la fantasía, el terror, la ciencia ficción, y todas sus mezclas y derivados.
Creo que me he leído todos los títulos de Stephen King, algunos hasta dos o tres veces (La Torre Oscura es mi totem), y estoy que muerdo esperando que salga lo próximo de Canción de Hielo y Fuego, entre otros.
Patrick Rothfuss, Joe Abercrombie, Robert Sanderson, nuevos descubrimientos para mí como Robin Hobb, eran mis autores.
Y de repente, un día, me descubro comprando Normal, de R. López Herrero, de quien sólo conocía su faceta radifónica y con el que he intercambiado algunos tweets.
Reconozco que compré el libro sin saber muy bien de que iba, y por la simpatía que me despierta el autor, del que me encanta la capacidad que demuestra en Twitter para reírse de sí mismo y de todo lo que se le ponga por delante, entrando al trapo con gracia en provocaciones y saliendo siempre airoso de discursiones de todo tipo.
Así que me lancé de cabeza a su lectura, con la mente más abierta posible, pues, como ya he dicho, el policiaco no suele ser de mis géneros preferidos, aunque he leído bastante de Camilla Läckberg y no me prodigo por autores españoles.
Y de cabeza me metí en una trama vertiginosa, apabullante en ocasiones, tanto como el propio protagonista. Me sorprendí devorando páginas casi con gula, haciendo mías las sensaciones de los personajes, sintiendo las emociones de todos y cada uno de ellos como si fueran propias. Odiando al malo y admirando a la chica, sintiendo la misma descarga de energía que afecta al protagonista cuando en su cabeza salta el chispazo que le lleva un paso más hacia la resolución del caso. Aplaudiendo con las orejas al llegar al final y absolutamente fan de la última página, donde todo queda tan abierto que invita a disparar la imaginación en las implicaciones de lo desvelado. Lo cual, quiere decir, querido Roberto, que ESPERO que haya más.
Los personajes son totalmente creíbles, los escenarios están muy bien descritos y las tramas principal y paralelas se acoplan perfectamente, haciendo que desees saber más sobre cada personaje. Todo es tan realista, que si mañana leyera en cualquier periódico un titular referente a un crimen parecido...bueno, pensaría que ojalá le dieran el caso a Félix Fortea.
Lo único que me queda por hacer es felicitar una vez más al autor, y recomendar encarecidamente a todos los lectores voraces como yo, sean o no aficionados al género policiaco, que se entreguen a la lectura de Normal. Puedo garantizarles que no quedarán decepcionados en absoluto.
sábado, 4 de junio de 2016
De amistades inesperadas
Llegas a una edad en la que te crees que ya nada (o casi nada) te va a coger de nuevas. En la que te crees que lo único que marcará el resto de tu vida serán los hijos, en los que te centras, pues son tu proyecto más importante y hermoso.
Te acomodas en una soledad más o menos llevadera, con tus rutinas, tus pequeños desahogos y tus grandes frustraciones. Miras a todos los amigos que has tenido en las diferentes épocas con una mezcla de nostalgia y rabia por haberte distanciado de algunos, y haber perdido del todo a otros.
Crees que todo va a ser como está para el resto de tu vida, con pequeñas sorpresas, algunas buenas, otras no tanto, porque llegando a la mitad de la duración de tu aventura por este mundo ya empiezas a tener que despedirte de más gente de la que recibes.
Te haces tu huequito de confort, sin grandes aspavientos, ni para bien, ni para mal, simplemente vas llevando los días.
Y de repente te rompen todos los esquemas que tenías establecidos.
Cuando ya piensas que no vas a conocer a nadie que te vaya a cambiar la vida, aparece un grupo de gente que te la pone patas arriba y que lo trastoca todo.
Como pequeñas cuentas de colores, cada una de ellas especial, única, brillante, he tenido la grandísima suerte de encontrar personas tan increíbles que sólo puedo dar gracias por haberme cruzado con ellas, y por haber llamado su atención el tiempo suficiente como para conocerme y valorarme.
Ahora ya nada es como era.
La soledad ha dejado de ser llevadera, porque descubres que en compañia las risas son más gratas y las penas menos duras.
Ya no miras atrás con nostalgia. Para qué, si puedes mirar hacia adelante con una sonrisa en los labios.
Sabes que ya nada va a ser igual, porque en un grupo, cada día hay una pequeña historia que arreglar, una anécdota que compartir, una mala cara que aliviar o una tristeza que llevar juntas.
Le das una patada a tu huequito de confort, y te calzas las botas de descubrir, porque sigues descubriendo, espoleada por las que caminan a tu lado. No delante, ni detrás. Al lado, prestas y dispuestas a tender una mano amiga cuando flaquean las fuerzas y a compartir una carcajada cuando te entra la vena loca (que ahí sigue, y que espero que siga mucho tiempo más).
Y ¿qué haces en ese caso?. Pues lo único que puede hacerse. Dar gracias, pero no al tal dios que unos señores vestidos de sedas y oro predican. Tampoco al destino, que otros quieren hacerte creer que guía tu vida desde el nacimiento, condenándote a acabar como se supone que debes hacerlo por mucho que intentes cambiarlo. Ni siquiera al azar, porque creo firmemente que hay cierto tipo de energía que todos tenemos, que tiende a agruparnos con nuestras afinidades, pero también con nuestras diferencias, porque nada hay tan enriquecedor como una opinión diferente a la tuya.
Les das las gracias a ellas, por haberse puesto en tu camino, por haber aceptado acompañarte y compartirlo contigo, por no haber mirado para otro lado el primer día que os cruzásteis, por seguir caminando junto a tí en los momentos divertidos y en los jodidos.
Nunca me había sentido tan afortunada. Sólo espero ser capaz de devolverles un poquito de todo lo que ellas me están dando.
Gracias.
Te acomodas en una soledad más o menos llevadera, con tus rutinas, tus pequeños desahogos y tus grandes frustraciones. Miras a todos los amigos que has tenido en las diferentes épocas con una mezcla de nostalgia y rabia por haberte distanciado de algunos, y haber perdido del todo a otros.
Crees que todo va a ser como está para el resto de tu vida, con pequeñas sorpresas, algunas buenas, otras no tanto, porque llegando a la mitad de la duración de tu aventura por este mundo ya empiezas a tener que despedirte de más gente de la que recibes.
Te haces tu huequito de confort, sin grandes aspavientos, ni para bien, ni para mal, simplemente vas llevando los días.
Y de repente te rompen todos los esquemas que tenías establecidos.
Cuando ya piensas que no vas a conocer a nadie que te vaya a cambiar la vida, aparece un grupo de gente que te la pone patas arriba y que lo trastoca todo.
Como pequeñas cuentas de colores, cada una de ellas especial, única, brillante, he tenido la grandísima suerte de encontrar personas tan increíbles que sólo puedo dar gracias por haberme cruzado con ellas, y por haber llamado su atención el tiempo suficiente como para conocerme y valorarme.
Ahora ya nada es como era.
La soledad ha dejado de ser llevadera, porque descubres que en compañia las risas son más gratas y las penas menos duras.
Ya no miras atrás con nostalgia. Para qué, si puedes mirar hacia adelante con una sonrisa en los labios.
Sabes que ya nada va a ser igual, porque en un grupo, cada día hay una pequeña historia que arreglar, una anécdota que compartir, una mala cara que aliviar o una tristeza que llevar juntas.
Le das una patada a tu huequito de confort, y te calzas las botas de descubrir, porque sigues descubriendo, espoleada por las que caminan a tu lado. No delante, ni detrás. Al lado, prestas y dispuestas a tender una mano amiga cuando flaquean las fuerzas y a compartir una carcajada cuando te entra la vena loca (que ahí sigue, y que espero que siga mucho tiempo más).
Y ¿qué haces en ese caso?. Pues lo único que puede hacerse. Dar gracias, pero no al tal dios que unos señores vestidos de sedas y oro predican. Tampoco al destino, que otros quieren hacerte creer que guía tu vida desde el nacimiento, condenándote a acabar como se supone que debes hacerlo por mucho que intentes cambiarlo. Ni siquiera al azar, porque creo firmemente que hay cierto tipo de energía que todos tenemos, que tiende a agruparnos con nuestras afinidades, pero también con nuestras diferencias, porque nada hay tan enriquecedor como una opinión diferente a la tuya.
Les das las gracias a ellas, por haberse puesto en tu camino, por haber aceptado acompañarte y compartirlo contigo, por no haber mirado para otro lado el primer día que os cruzásteis, por seguir caminando junto a tí en los momentos divertidos y en los jodidos.
Nunca me había sentido tan afortunada. Sólo espero ser capaz de devolverles un poquito de todo lo que ellas me están dando.
Gracias.
lunes, 7 de marzo de 2016
Del 8 de Marzo y lo que nos queda
Mañana es 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer. Y es necesario. Todavía es muy necesario. Tal vez más necesario que en ocasiones anteriores. En 2016.
Es muy necesario porque mes tras mes y año tras año, las estadísticas y comparativas de la relación trabajo-sueldo de las mujeres, siguen demostrando que, a igual trabajo, nosotras cobramos menos. Es necesario porque día a día seguimos viendo como los estereotípos en los que nos han encasillado desde el inicio de los tiempos siguen vigentes. Seguimos siendo las que limpiamos, las que hacemos la compra, cuidamos a los niños, o a los mayores, hacemos dieta todas las primaveras para estar estupendas en verano y trabajamos fuera y/o en casa aunque estemos enfermas, porque, como decía un anuncio de un antigripal (aunque ya han cambiado el lema, no son tontos), las mamás no se cogen la baja.
Es muy necesario porque incluso en los nuevos partidos, esos que venían a revolucionar la política, a acercarla a lo que se vive en la calle, a poner los pies en la tierra a quienes hasta ahora nos representaban, que vivían en una urna de cristal, mantenida antiséptica para que el populacho que les vota no fuera a exigirles nada, faltaría más; esos nuevos partidos, digo, pecan de las mismas conductas que tanto les han afeado a los de siempre. LOS candidaTOS siguen siendo ELLOS, mientras que a ellas las utilizan para salir en todas las fotos del primer día, o plantean que la violencia de género no es tal, sino violencia intrafamiliar...je...como si la familia fuera el único lugar en el que las mujeres la sufren. Y para acabar de coronarse, los carteles que presentan para celebrar el Día de la Mujer están protagonizados por (oh, sorpresa) HOMBRES...Muy torpe por vuestra parte, chavales, pero mucho.
Por lo estas cosas y muchas otras que se ven en el día a día de una mujer cualquiera, en la que en ocasiones tiene que aguantar condescendencias, sonrisillas de medio lado, cuando no groserías o frases lapidarias cuando pretende salirse de su papel, es muy necesario todavía la celebración de mañana.
Pero si hay algo que lo hace absolutamente imprescindible y que me pone los pelos de punta, es el alarmante aumento de casos de violencia de género (y no en la familia, señor Naranjito...), tanto psicológica como física, entre los chavales.
Las generaciones que vienen detrás parecen haber asumido e interiorizado todos esos estereotipos y dejes machistas que tanto nos estamos esforzando en intentar eliminar. El hecho de que los chicos, y lo que es peor, las chicas adolescentes de hoy en día vean como normal que ellos controlen el móvil, las redes sociales e incluso el vestuario de sus novias, que las sigan viendo poco más que como un adorno bonito que llevar colgado del brazo, pensamiento que se ve reforzado con intensidad con esa música infernal que escuchan a todas horas y cuyos mensajes machistas y de cosificación de las mujeres son espeluznantes. El hecho de que ellas acaten ese papel, se cuenten anécdotas que a las que ahora pasamos de los 30 nos ponen la piel de gallina entre risitas, que vuelvan a dejarse manejar, que las que se niegan a verse atrapadas en ese papel se vean como marimachos, frikis, o cosas por el estilo, ESE es el verdadero problema.
Por eso en 2016 sigue siendo tan necesario el Día Internacional de la Mujer. Porque cuesta mucho luchar por los derechos, por la igualdad, pero, como estoy observando cada día con espanto, cuesta muy poco perderlo, volver a bajar los brazos, a aceptar que lo nuestro es estar en casa con la patita quebrada y a recibir a nuestro maridito a la vuelta del trabajo con una sonrisa, una copa de Soberano (cosa de hombres), la cena hecha, los niños acostados y bien dispuesta a echar un polvete antes de dormir, que para eso él se ha estado dejando el lomo en su trabajo.
Feliz Día Internacional de la Mujer a todas. Y todos.
Es muy necesario porque mes tras mes y año tras año, las estadísticas y comparativas de la relación trabajo-sueldo de las mujeres, siguen demostrando que, a igual trabajo, nosotras cobramos menos. Es necesario porque día a día seguimos viendo como los estereotípos en los que nos han encasillado desde el inicio de los tiempos siguen vigentes. Seguimos siendo las que limpiamos, las que hacemos la compra, cuidamos a los niños, o a los mayores, hacemos dieta todas las primaveras para estar estupendas en verano y trabajamos fuera y/o en casa aunque estemos enfermas, porque, como decía un anuncio de un antigripal (aunque ya han cambiado el lema, no son tontos), las mamás no se cogen la baja.
Es muy necesario porque incluso en los nuevos partidos, esos que venían a revolucionar la política, a acercarla a lo que se vive en la calle, a poner los pies en la tierra a quienes hasta ahora nos representaban, que vivían en una urna de cristal, mantenida antiséptica para que el populacho que les vota no fuera a exigirles nada, faltaría más; esos nuevos partidos, digo, pecan de las mismas conductas que tanto les han afeado a los de siempre. LOS candidaTOS siguen siendo ELLOS, mientras que a ellas las utilizan para salir en todas las fotos del primer día, o plantean que la violencia de género no es tal, sino violencia intrafamiliar...je...como si la familia fuera el único lugar en el que las mujeres la sufren. Y para acabar de coronarse, los carteles que presentan para celebrar el Día de la Mujer están protagonizados por (oh, sorpresa) HOMBRES...Muy torpe por vuestra parte, chavales, pero mucho.
Por lo estas cosas y muchas otras que se ven en el día a día de una mujer cualquiera, en la que en ocasiones tiene que aguantar condescendencias, sonrisillas de medio lado, cuando no groserías o frases lapidarias cuando pretende salirse de su papel, es muy necesario todavía la celebración de mañana.
Pero si hay algo que lo hace absolutamente imprescindible y que me pone los pelos de punta, es el alarmante aumento de casos de violencia de género (y no en la familia, señor Naranjito...), tanto psicológica como física, entre los chavales.
Las generaciones que vienen detrás parecen haber asumido e interiorizado todos esos estereotipos y dejes machistas que tanto nos estamos esforzando en intentar eliminar. El hecho de que los chicos, y lo que es peor, las chicas adolescentes de hoy en día vean como normal que ellos controlen el móvil, las redes sociales e incluso el vestuario de sus novias, que las sigan viendo poco más que como un adorno bonito que llevar colgado del brazo, pensamiento que se ve reforzado con intensidad con esa música infernal que escuchan a todas horas y cuyos mensajes machistas y de cosificación de las mujeres son espeluznantes. El hecho de que ellas acaten ese papel, se cuenten anécdotas que a las que ahora pasamos de los 30 nos ponen la piel de gallina entre risitas, que vuelvan a dejarse manejar, que las que se niegan a verse atrapadas en ese papel se vean como marimachos, frikis, o cosas por el estilo, ESE es el verdadero problema.
Por eso en 2016 sigue siendo tan necesario el Día Internacional de la Mujer. Porque cuesta mucho luchar por los derechos, por la igualdad, pero, como estoy observando cada día con espanto, cuesta muy poco perderlo, volver a bajar los brazos, a aceptar que lo nuestro es estar en casa con la patita quebrada y a recibir a nuestro maridito a la vuelta del trabajo con una sonrisa, una copa de Soberano (cosa de hombres), la cena hecha, los niños acostados y bien dispuesta a echar un polvete antes de dormir, que para eso él se ha estado dejando el lomo en su trabajo.
Feliz Día Internacional de la Mujer a todas. Y todos.
domingo, 24 de enero de 2016
De tiempo y destiempos
Gijón. 24 de enero. Hace sol. Y no de ese sol de invierno que da gusto después de un amanecer gélido. Del que pica, del que te hace sudar en cuanto das dos pasos a un ritmo normal. Hace calor. 21º.
Hablo con la gente. Pongo la tele. Escucho la radio. Siempre las mismas frases. Siempre el mismo argumento.
Pues que buen día hace. Qué maravilla de tiempo. Da gusto salir a pasear, tomarse algo en una terraza, poder hacer vida en la calle.
No entiendo nada. Pienso en ello mientras miro una foto sacada hace cinco años en la que yo misma salgo abrigada hasta las cejas (siempre he sido friolera) mientras veo nevar en la playa de Gijón. No cuajó, por supuesto, pero eso sí que fue bonito, una maravilla de tiempo.
Puede que con los años me esté volviendo gruñona, que me empiece a costar asumir los cambios, como dicen que te pasa con la edad. A lo mejor a mis 37 (38 en agosto), estoy sufriendo una especie de viejunismo prematuro.
La verdad es que no le veo nada bueno a este calor a destiempo. Se lo podría ver si viniéramos (como pasaba cuando yo era niña, toma frase de viejuna...) de un otoño gris, lluvioso y frío. Pero no es el caso, ni mucho menos. Y no lo digo yo. Ha salido en todos los telediarios, se ha comentado en todas las radios, se ha visto por todo internet. Ha sido el otoño más cálido y seco en mucho tiempo.
Y el invierno no pinta mejor. Las previsiones parecen más de primavera que de invierno (porque sí, estamos en invierno), con una ausencia total de frío y de lluvia, y ya no digamos de nieve.
Me siento como un bicho raro en mi entorno, porque arrugo la nariz con fastidio cuando salgo a la calle y me pega el vaporazo, mientras que todo el mundo parece estar batiendo palmas con las orejas por este calor pegajoso y absurdo, que hace que te cruces con gente que se ha puesto el anorak por costumbre o porque lo manda el calendario, mientras tienen la cara colorada como si fueran a explotar.
El peque ha estado malito esta semana. Cinco días sin apenas salir de casa. Fiebre, mocos, tos...La pediatra dice que este año es increíble la incidencia de la gripe. Casi del 50%.Y se echa las manos a la cabeza pensando en la que le viene encima con el previsto repunte de la epidemia en febrero.
A lo mejor soy la única que le ve la relación con el otoño que hemos tenido y el invierno que estamos teniendo.
A lo mejor me estoy volviendo loca por no sumarme a la mayoría y bajar a la playa dando saltitos para tostarme en la arena (????), o decir eso de "¡pero qué día más bueno tenemos!". Puede ser. Lo de loca, digo, porque hay pruebas que apuntan a ello. Podéis preguntar a los que me conocen.
Sea como sea, miro la previsión del tiempo y veo que para mañana la máxima va a ser de 19º. Pues nada. A preparar el arsenal de antigripales, porque esto no va a traer nada bueno.
A cada tiempo, su tiempo.
Hablo con la gente. Pongo la tele. Escucho la radio. Siempre las mismas frases. Siempre el mismo argumento.
Pues que buen día hace. Qué maravilla de tiempo. Da gusto salir a pasear, tomarse algo en una terraza, poder hacer vida en la calle.
No entiendo nada. Pienso en ello mientras miro una foto sacada hace cinco años en la que yo misma salgo abrigada hasta las cejas (siempre he sido friolera) mientras veo nevar en la playa de Gijón. No cuajó, por supuesto, pero eso sí que fue bonito, una maravilla de tiempo.
Puede que con los años me esté volviendo gruñona, que me empiece a costar asumir los cambios, como dicen que te pasa con la edad. A lo mejor a mis 37 (38 en agosto), estoy sufriendo una especie de viejunismo prematuro.
La verdad es que no le veo nada bueno a este calor a destiempo. Se lo podría ver si viniéramos (como pasaba cuando yo era niña, toma frase de viejuna...) de un otoño gris, lluvioso y frío. Pero no es el caso, ni mucho menos. Y no lo digo yo. Ha salido en todos los telediarios, se ha comentado en todas las radios, se ha visto por todo internet. Ha sido el otoño más cálido y seco en mucho tiempo.
Y el invierno no pinta mejor. Las previsiones parecen más de primavera que de invierno (porque sí, estamos en invierno), con una ausencia total de frío y de lluvia, y ya no digamos de nieve.
Me siento como un bicho raro en mi entorno, porque arrugo la nariz con fastidio cuando salgo a la calle y me pega el vaporazo, mientras que todo el mundo parece estar batiendo palmas con las orejas por este calor pegajoso y absurdo, que hace que te cruces con gente que se ha puesto el anorak por costumbre o porque lo manda el calendario, mientras tienen la cara colorada como si fueran a explotar.
El peque ha estado malito esta semana. Cinco días sin apenas salir de casa. Fiebre, mocos, tos...La pediatra dice que este año es increíble la incidencia de la gripe. Casi del 50%.Y se echa las manos a la cabeza pensando en la que le viene encima con el previsto repunte de la epidemia en febrero.
A lo mejor soy la única que le ve la relación con el otoño que hemos tenido y el invierno que estamos teniendo.
A lo mejor me estoy volviendo loca por no sumarme a la mayoría y bajar a la playa dando saltitos para tostarme en la arena (????), o decir eso de "¡pero qué día más bueno tenemos!". Puede ser. Lo de loca, digo, porque hay pruebas que apuntan a ello. Podéis preguntar a los que me conocen.
Sea como sea, miro la previsión del tiempo y veo que para mañana la máxima va a ser de 19º. Pues nada. A preparar el arsenal de antigripales, porque esto no va a traer nada bueno.
A cada tiempo, su tiempo.
jueves, 14 de enero de 2016
De fútbol e intensidades
Puesto que todo el mundo está opinando a sus anchas de lo que pasó en el partido de copa de ayer, no me voy a quedar callada, ya que estoy leyendo y, sobre todo, escuchando cada panoyada que me pone de bastante mala leche. Sobre todo porque se supone que todos estamos de acuerdo en que hay que erradicar la violencia de los campos de fútbol, sí o sí.
Flaco favor le hace a esa lucha que los comentaristas de radio justifiquen la agresividad de los jugadores porque para ellos es el partido más importante del año, o que otros digan que el partido de ayer fue ejemplar por parte de los jugadores cuando uno le da un puñetazo en toda la jeta al portero del equipo contrario, y otro le hace un placaje a Messi que le deja la cara como un tomate y un ojo morado.
Me canso de leer y escuchar que ese tipo de cosas son el recurso que les queda a los equipos pequeños para luchar contra los equipos que les multiplican el presupuesto hasta el infinito. ¿De verdad es ese un argumento válido? He visto equipos pequeñitos no, casi mínimos, salir al Camp Nou o al Bernabeu a dejarse el alma corriendo por un campo que es dos veces el suyo, luchar como titanes contra jugadores que se llevan en un día más dinero del que ellos se atreverían a soñar ganar en un año de trabajo y no pegar ni una sola patada.
Sin embargo, desde hace años, se está hablando en todos los programas de fútbol sobre el famoso "juego aguerrido" o "intensidad", cuando en realidad se tendría que estar hablando de equipos leñeros, como toda la vida se les ha llamado.
Por mi parte me niego a aceptar esa manera de jugar como un sistema de juego, porque hace precisamente todo lo contrario que se debería de ver sobre un campo. Constantes interrupciones, protestas estúpidas para calentar al jugador contrario y hacer que le saquen tarjeta, piscinazos, insultos...
Tema aparte es el de las pancartas, que en el caso de ayer y algunos otros partidos no tiene justificacion ninguna que la seguridad del campo del equipo local las haya permitido no solo en una o en dos, sino hasta en cinco ocasiones. Dejando aparte el mal gusto de lo escrito en las famosas pancartas, lo más preocupante del tema es saber como se las apañaron los gorilas de turno para meterlas en el campo cuando (dicho por un periodista que lo sufrió) se cacheó a todo el mundo antes de entrar. Así que es lógico pensar que las pancartas ya estaban dentro, cosa que embarra aún más el asunto, porque ello implicaría complicidad del club. O eso, o bien el equipo de seguridad del campo hizo la vista gorda, cosa aún más grave, porque si les han dejado pasar ese tipo de pancartas sin problemas, quien sabe qué más podrían llegar a pasar los energúmenos de turno.
No hemos aprendido nada de todo lo que ha pasado en los campos de fútbol en los últimos años. Partidos broncos hasta el límite de la agresión. Quedadas entre "aficionados" para apalizarse antes, después o incluso durante determinados partidos. Declaraciones incendiarias de jugadores, directivos o entrenadores. Titulares escandalosos y provocadores de panfletos de uno u otro signo, justificando lo que antaño condenaban y viceversa.
El fútbol es un deporte hermoso si se juega bien. No voy a tratar de convencer a los que ya lo tienen asimilado como fuente de garrulismo o incultura. Los verdaderos aficionados al fútbol saben que lo mejor de un partido no es que tus jugadores sean los mas bestias, ni los que mas ridiculicen al contrario, sino que sean capaces de hacer un juego bonito, rápido, con intensidad bien entendida, presionando sin hacer faltas, dejandose el aire en el campo para llegar de un extremo a otro, compitiendo con limpieza y sin patadas. Que se pueda acabar el partido y ver a los miembros de los dos equipos despedirse con un saludo y una sonrisa, no gritándose como animales.
Pero parece que últimamente lo que prima es el ganar como sea. Incluso presumiendo después de que no se ha zurrado tanto, porque si se hubiera querido, alguno de los contrarios sale en camilla.
Así entiendo que se carguen de razones los que denostan el fútbol y nos tachan a los aficionados de ganado.
Sigamos así pues.
Flaco favor le hace a esa lucha que los comentaristas de radio justifiquen la agresividad de los jugadores porque para ellos es el partido más importante del año, o que otros digan que el partido de ayer fue ejemplar por parte de los jugadores cuando uno le da un puñetazo en toda la jeta al portero del equipo contrario, y otro le hace un placaje a Messi que le deja la cara como un tomate y un ojo morado.
Me canso de leer y escuchar que ese tipo de cosas son el recurso que les queda a los equipos pequeños para luchar contra los equipos que les multiplican el presupuesto hasta el infinito. ¿De verdad es ese un argumento válido? He visto equipos pequeñitos no, casi mínimos, salir al Camp Nou o al Bernabeu a dejarse el alma corriendo por un campo que es dos veces el suyo, luchar como titanes contra jugadores que se llevan en un día más dinero del que ellos se atreverían a soñar ganar en un año de trabajo y no pegar ni una sola patada.
Sin embargo, desde hace años, se está hablando en todos los programas de fútbol sobre el famoso "juego aguerrido" o "intensidad", cuando en realidad se tendría que estar hablando de equipos leñeros, como toda la vida se les ha llamado.
Por mi parte me niego a aceptar esa manera de jugar como un sistema de juego, porque hace precisamente todo lo contrario que se debería de ver sobre un campo. Constantes interrupciones, protestas estúpidas para calentar al jugador contrario y hacer que le saquen tarjeta, piscinazos, insultos...
Tema aparte es el de las pancartas, que en el caso de ayer y algunos otros partidos no tiene justificacion ninguna que la seguridad del campo del equipo local las haya permitido no solo en una o en dos, sino hasta en cinco ocasiones. Dejando aparte el mal gusto de lo escrito en las famosas pancartas, lo más preocupante del tema es saber como se las apañaron los gorilas de turno para meterlas en el campo cuando (dicho por un periodista que lo sufrió) se cacheó a todo el mundo antes de entrar. Así que es lógico pensar que las pancartas ya estaban dentro, cosa que embarra aún más el asunto, porque ello implicaría complicidad del club. O eso, o bien el equipo de seguridad del campo hizo la vista gorda, cosa aún más grave, porque si les han dejado pasar ese tipo de pancartas sin problemas, quien sabe qué más podrían llegar a pasar los energúmenos de turno.
No hemos aprendido nada de todo lo que ha pasado en los campos de fútbol en los últimos años. Partidos broncos hasta el límite de la agresión. Quedadas entre "aficionados" para apalizarse antes, después o incluso durante determinados partidos. Declaraciones incendiarias de jugadores, directivos o entrenadores. Titulares escandalosos y provocadores de panfletos de uno u otro signo, justificando lo que antaño condenaban y viceversa.
El fútbol es un deporte hermoso si se juega bien. No voy a tratar de convencer a los que ya lo tienen asimilado como fuente de garrulismo o incultura. Los verdaderos aficionados al fútbol saben que lo mejor de un partido no es que tus jugadores sean los mas bestias, ni los que mas ridiculicen al contrario, sino que sean capaces de hacer un juego bonito, rápido, con intensidad bien entendida, presionando sin hacer faltas, dejandose el aire en el campo para llegar de un extremo a otro, compitiendo con limpieza y sin patadas. Que se pueda acabar el partido y ver a los miembros de los dos equipos despedirse con un saludo y una sonrisa, no gritándose como animales.
Pero parece que últimamente lo que prima es el ganar como sea. Incluso presumiendo después de que no se ha zurrado tanto, porque si se hubiera querido, alguno de los contrarios sale en camilla.
Así entiendo que se carguen de razones los que denostan el fútbol y nos tachan a los aficionados de ganado.
Sigamos así pues.
martes, 27 de octubre de 2015
De perros y animales
Estimados propietarios de perros:
Me dirijo a vosotros con toda la amabilidad que me caracteriza para avisaros (por si no os habíais dado cuenta) que en Gijón hay varios espacios habilitados para perros, en los que pueden correr con libertad y hacer sus necesidades sin que nadie los moleste, y sin que ellos molesten a nadie.
Lo digo porque por lo que se ve, a algunos de vosotros os parece demasiado trabajo llevar a vuestros canes allí, y les sacáis a dar una vuelta por las zonas verdes de los parques infantiles de la ciudad, momento que aprovecháis para que hagan sus necesidades en dichas zonas, que están tan a mano...
Y claro, para qué vais a recoger el paquete que dejan los animales. Con lo que cuesta eso, y total, ya están los chavales de EMULSA para limpiar, que para eso les pagan. O ya puestos, que se lo lleve algún crío o algun padre para casa bien estampado en el zapato (cuando no en la mano o en la cara, que ya se sabe la manía que tienen los niños de tocar todo lo que ven), no dicen que da buena suerte? Hay que agradecer a esos propietarios su enorme altruismo al repartir buena suerte por todos los parques de la ciudad!
Y ya no hablemos de los pises de los perros, porque claro, quien se va a parar a sacar al perro del trozo de hierba que tan cómodamente nos han puesto a la puerta de casa, para que eche un pis en cualquier otra parte. ¿Que luego se sienta un mocoso y (ya digo que son muy maniáticos los niños) se lleva un puñado de hierba a la boca? Pues que se joda, que los parques infantiles no están hechos para que los niños los disfruten en su totalidad, ya les sobra con los columpios.
Me pongo tan sutil y tan razonable para hacer ver todas estas cosas porque hace un par de días, mi hijo vino con la pierna llenita de picaduras de pulga, después de haber jugado en la zona verde de un parque cercano a mi casa.
Pero claro, supongo que la culpa es mía. A quien se le ocurre que un niño pueda meterse en una zona de hierba de un parque para recojer hojas y palos. ¡Seré malamadre!
Por eso quiero disculparme con anticipación con el dueño del próximo perro que aparezca en cualquiera de los susodichos parques (que por cierto, tienen una señal preciosa que indica que los perros no están permitidos...que ideas más raras). Me disculpo porque si observo que el bicho se acerca demasiado a mi hijo o que deja una hermosa mierda plantada en medio de la zona verde, no sólo procederé a graparle el culo al perro, sino que con la misma grapadora industrial (que al efecto pienso adquirir próximamente) le grapo la boca al amo, porque después de todo, dudo mucho que lo de ir a cagar al parque de los niños haya sido idea del can.
Me dirijo a vosotros con toda la amabilidad que me caracteriza para avisaros (por si no os habíais dado cuenta) que en Gijón hay varios espacios habilitados para perros, en los que pueden correr con libertad y hacer sus necesidades sin que nadie los moleste, y sin que ellos molesten a nadie.
Lo digo porque por lo que se ve, a algunos de vosotros os parece demasiado trabajo llevar a vuestros canes allí, y les sacáis a dar una vuelta por las zonas verdes de los parques infantiles de la ciudad, momento que aprovecháis para que hagan sus necesidades en dichas zonas, que están tan a mano...
Y claro, para qué vais a recoger el paquete que dejan los animales. Con lo que cuesta eso, y total, ya están los chavales de EMULSA para limpiar, que para eso les pagan. O ya puestos, que se lo lleve algún crío o algun padre para casa bien estampado en el zapato (cuando no en la mano o en la cara, que ya se sabe la manía que tienen los niños de tocar todo lo que ven), no dicen que da buena suerte? Hay que agradecer a esos propietarios su enorme altruismo al repartir buena suerte por todos los parques de la ciudad!
Y ya no hablemos de los pises de los perros, porque claro, quien se va a parar a sacar al perro del trozo de hierba que tan cómodamente nos han puesto a la puerta de casa, para que eche un pis en cualquier otra parte. ¿Que luego se sienta un mocoso y (ya digo que son muy maniáticos los niños) se lleva un puñado de hierba a la boca? Pues que se joda, que los parques infantiles no están hechos para que los niños los disfruten en su totalidad, ya les sobra con los columpios.
Me pongo tan sutil y tan razonable para hacer ver todas estas cosas porque hace un par de días, mi hijo vino con la pierna llenita de picaduras de pulga, después de haber jugado en la zona verde de un parque cercano a mi casa.
Pero claro, supongo que la culpa es mía. A quien se le ocurre que un niño pueda meterse en una zona de hierba de un parque para recojer hojas y palos. ¡Seré malamadre!
Por eso quiero disculparme con anticipación con el dueño del próximo perro que aparezca en cualquiera de los susodichos parques (que por cierto, tienen una señal preciosa que indica que los perros no están permitidos...que ideas más raras). Me disculpo porque si observo que el bicho se acerca demasiado a mi hijo o que deja una hermosa mierda plantada en medio de la zona verde, no sólo procederé a graparle el culo al perro, sino que con la misma grapadora industrial (que al efecto pienso adquirir próximamente) le grapo la boca al amo, porque después de todo, dudo mucho que lo de ir a cagar al parque de los niños haya sido idea del can.
viernes, 1 de mayo de 2015
La luz al final del túnel
Estamos saliendo de la crisis. Eso dicen los que mandan. Se les llena la boca con esa frase. Estamos saliendo de la crisis. Estamos creciendo. Estamos creando empleo. Todo muy bonito.Todo mentira.
Me encantaría tener el mismo optimismo que ellos. Ojo, que tampoco me hundo en el pesimismo.
Soy consciente, hasta donde alcanza mi limitada comprensión de la economía, de que hay cifras que están cambiando en positivo, demostrando que las cosas se van encarrilando, que vamos sacando la cabeza de la parte más oscura del túnel. Pero de salir de la crisis, va a ser que no.
No hace falta vivir en un barrio especialmente pobre para darse cuenta de que las cosas no son como las pintan, ni mucho menos. Las tiendas siguen cerrando. La gente sigue llegando a fin de mes sin aliento. Los jovenes siguen saliendo del país para buscarse un futuro. Nos seguimos ahogando.
Nos venden que se crea empleo, mejor y en más cantidad. Me reiría si la puta realidad no la tuviera enfrente mismo de las narices. ¿Que baja el paro? Pues claro. Pero no es porque con las lluvias primaverales hayan empezado a brotar los trabajos a la misma velocidad que las flores, sino porque hay muchos que ya han perdido la esperanza y se han borrado de las oficinas del INEM, que para lo único que sirve es para perder una mañana llevando papeles. Porque de lo que yo conozco, NADIE ha encontrado trabajo a través de una oficina del INEM.
Y lo de la calidad...bueno. Ahí ya no me río, porque lo que veo en el día a día es demasiado triste.
Contratos por horas, por días, que se van renovando mes a mes. No conozco a nadie que tenga un contrato fijo. Y tampoco voy a decir que sea la reina de la vida social, pero conozco a bastante gente. Me da la sensación de que eso del contrato estable de trabajo se va a quedar en una leyenda que les va a sonar a chino a los chavales que llegan detrás, a los que sólo podemos mirar a los ojos y animarles a luchar.
Lo peor de todo no es cuando salen las cifras del paro, que todos los politicuchos que nos gobiernan cantan hinchados como pavos reales cuando son positivas, pero se cuidan muy mucho de no dar la cara cuando pintan bastos. Lo peor es cuando lo que sale son las encuestas de intención de voto y ves que siguen ganando los de siempre. Los que están, y los que estuvieron. Pierden fuelle, cierto, pero ahí siguen.
Entonces es cuando apetece ponerse a gritar, porque si aún con toda la gente que se está quedando en la cuneta, que no se podrá reenganchar cuando el tren empiece a funcionar otra vez, con todo el talento joven que está emigrando y que no volverá porque aquí hay demasiadas zancadillas, con todos los sinvergüenzas que sólo están esperando a que levantemos cabeza para volver a llenarse los bolsillos, si aún con todo esto seguimos poniendo el futuro en manos de los que se encomiendan a la virgen para que les solucione la papeleta, siendo conscientes de que esto no lo arregla ni dios, o en los que cuando están en la oposición gritan puño en alto a lo Scarlett O'Hara, que nunca se bajarán los pantalones ante la todopoderosa Europa, pero cuando llegan al gobierno ya entran echándose mano a la cremallera, pues que queréis que os diga...
Eso, y ver algunos lobos vestidos con piel de cordero que están agazapados esperando su oportunidad cuando hasta hace bien poco formaban parte de los que nos han acuchillado, y ver que se les da crédito aunque sus sonrisas tienen demasiados dientes, eso asusta.
Así que de la crisis estarán saliendo algunos. La mayoría nos seguimos apretando el cinturón, soltando un montón de tacos cada vez que leemos las encuestas y guardándonos las ganas de escapar de aquí porque, por mucho que digan que estamos creciendo, a mi sigue sin llegarme.
Me encantaría tener el mismo optimismo que ellos. Ojo, que tampoco me hundo en el pesimismo.
Soy consciente, hasta donde alcanza mi limitada comprensión de la economía, de que hay cifras que están cambiando en positivo, demostrando que las cosas se van encarrilando, que vamos sacando la cabeza de la parte más oscura del túnel. Pero de salir de la crisis, va a ser que no.
No hace falta vivir en un barrio especialmente pobre para darse cuenta de que las cosas no son como las pintan, ni mucho menos. Las tiendas siguen cerrando. La gente sigue llegando a fin de mes sin aliento. Los jovenes siguen saliendo del país para buscarse un futuro. Nos seguimos ahogando.
Nos venden que se crea empleo, mejor y en más cantidad. Me reiría si la puta realidad no la tuviera enfrente mismo de las narices. ¿Que baja el paro? Pues claro. Pero no es porque con las lluvias primaverales hayan empezado a brotar los trabajos a la misma velocidad que las flores, sino porque hay muchos que ya han perdido la esperanza y se han borrado de las oficinas del INEM, que para lo único que sirve es para perder una mañana llevando papeles. Porque de lo que yo conozco, NADIE ha encontrado trabajo a través de una oficina del INEM.
Y lo de la calidad...bueno. Ahí ya no me río, porque lo que veo en el día a día es demasiado triste.
Contratos por horas, por días, que se van renovando mes a mes. No conozco a nadie que tenga un contrato fijo. Y tampoco voy a decir que sea la reina de la vida social, pero conozco a bastante gente. Me da la sensación de que eso del contrato estable de trabajo se va a quedar en una leyenda que les va a sonar a chino a los chavales que llegan detrás, a los que sólo podemos mirar a los ojos y animarles a luchar.
Lo peor de todo no es cuando salen las cifras del paro, que todos los politicuchos que nos gobiernan cantan hinchados como pavos reales cuando son positivas, pero se cuidan muy mucho de no dar la cara cuando pintan bastos. Lo peor es cuando lo que sale son las encuestas de intención de voto y ves que siguen ganando los de siempre. Los que están, y los que estuvieron. Pierden fuelle, cierto, pero ahí siguen.
Entonces es cuando apetece ponerse a gritar, porque si aún con toda la gente que se está quedando en la cuneta, que no se podrá reenganchar cuando el tren empiece a funcionar otra vez, con todo el talento joven que está emigrando y que no volverá porque aquí hay demasiadas zancadillas, con todos los sinvergüenzas que sólo están esperando a que levantemos cabeza para volver a llenarse los bolsillos, si aún con todo esto seguimos poniendo el futuro en manos de los que se encomiendan a la virgen para que les solucione la papeleta, siendo conscientes de que esto no lo arregla ni dios, o en los que cuando están en la oposición gritan puño en alto a lo Scarlett O'Hara, que nunca se bajarán los pantalones ante la todopoderosa Europa, pero cuando llegan al gobierno ya entran echándose mano a la cremallera, pues que queréis que os diga...
Eso, y ver algunos lobos vestidos con piel de cordero que están agazapados esperando su oportunidad cuando hasta hace bien poco formaban parte de los que nos han acuchillado, y ver que se les da crédito aunque sus sonrisas tienen demasiados dientes, eso asusta.
Así que de la crisis estarán saliendo algunos. La mayoría nos seguimos apretando el cinturón, soltando un montón de tacos cada vez que leemos las encuestas y guardándonos las ganas de escapar de aquí porque, por mucho que digan que estamos creciendo, a mi sigue sin llegarme.
viernes, 13 de marzo de 2015
Periodismo moderno
En este país tenemos una costumbre muy curiosa: dar lecciones a todo el que está con el agua al cuello, a la vez que agachamos la cabeza y nos encogemos como ratitas con los poderosos.
A los hechos me remito. Desde que aparecieron las imágenes del Ministro griego, el famoso Varoufakis, comiendo con su señora (¡y nada menos que pescado con ensalada, que desfachatez!), he leído todo tipo de comentarios dándole palos por hacer ostentación (?????) mientras el pueblo griego las está pasando canutas. Por no mencionar la cantidad de chorradas que se leyeron en periódicos supuestamente serios cuanso se le vió con la bufanda de marras.
Tiene cojones que sea precisamente desde aquí, el país cuna de los jetas más impresionantes que hayan pisado la tierra, desde donde se haya montado todo este circo.
Ahora nos las damos de dignos, diciendo que los dirigentes de un pueblo en crisis tienen que mantener las formas. Venga ya.
Si empezáis a buscar un poquito, seguro que encontráis facilísimamente montones de imágenes de dirigentes actuales y anteriores, de los dos partidos que hasta ahora se han alternado en el poder político, ya no haciendo ostentación de poder y riqueza, sino rayando la obscenidad en sus lujos. Eso para no entrar en la mera existencia de esa institución arcana y pozo sin fondo de dineros públicos llamada monarquía, que ya no es que tengamos un rey, sino que nos parece poco y tenemos un rey emérito, al que mantenemos con toda la alegría del mundo, porque es muy campechano.
Me da la risa que un país cuyo partido en el gobierno tiene más causas por corrupción que la mafia napolitana se ponga estupendo con nadie.
No voy a defender a capa y espada a un partido político del que desconozco casi todo, pues hasta ahora aquí sólo ha llegado lo más mediático, o sea, las promesas de Tsipras o la chupa de cuero de Varoufakis, que encima tiene el descaro de ir sin corbata a las reuniones del Eurogrupo. Anda que no estará la señorita Rottenmeier echando espumarajos por la boca.
Al final, lo que me cabrea de todo esto, es la salida en tromba de los medios de comunicación contra los nuevos rostros de la política europea, en su mayoría muchísimo más preparados que la recua de indecentes y trasnochados que tenemos en la actualidad, metiéndose incluso en chorradas de su vida privada para intentar desacreditarles a toda costa, no vaya a ser que al final lo del cambio vaya en serio y los estómagos agradecidos que dirigen los principales medios informativos de este país de pandereta vean peligrar su estatus.
Menos demagogia y más periodismo, señores.
A los hechos me remito. Desde que aparecieron las imágenes del Ministro griego, el famoso Varoufakis, comiendo con su señora (¡y nada menos que pescado con ensalada, que desfachatez!), he leído todo tipo de comentarios dándole palos por hacer ostentación (?????) mientras el pueblo griego las está pasando canutas. Por no mencionar la cantidad de chorradas que se leyeron en periódicos supuestamente serios cuanso se le vió con la bufanda de marras.
Tiene cojones que sea precisamente desde aquí, el país cuna de los jetas más impresionantes que hayan pisado la tierra, desde donde se haya montado todo este circo.
Ahora nos las damos de dignos, diciendo que los dirigentes de un pueblo en crisis tienen que mantener las formas. Venga ya.
Si empezáis a buscar un poquito, seguro que encontráis facilísimamente montones de imágenes de dirigentes actuales y anteriores, de los dos partidos que hasta ahora se han alternado en el poder político, ya no haciendo ostentación de poder y riqueza, sino rayando la obscenidad en sus lujos. Eso para no entrar en la mera existencia de esa institución arcana y pozo sin fondo de dineros públicos llamada monarquía, que ya no es que tengamos un rey, sino que nos parece poco y tenemos un rey emérito, al que mantenemos con toda la alegría del mundo, porque es muy campechano.
Me da la risa que un país cuyo partido en el gobierno tiene más causas por corrupción que la mafia napolitana se ponga estupendo con nadie.
No voy a defender a capa y espada a un partido político del que desconozco casi todo, pues hasta ahora aquí sólo ha llegado lo más mediático, o sea, las promesas de Tsipras o la chupa de cuero de Varoufakis, que encima tiene el descaro de ir sin corbata a las reuniones del Eurogrupo. Anda que no estará la señorita Rottenmeier echando espumarajos por la boca.
Al final, lo que me cabrea de todo esto, es la salida en tromba de los medios de comunicación contra los nuevos rostros de la política europea, en su mayoría muchísimo más preparados que la recua de indecentes y trasnochados que tenemos en la actualidad, metiéndose incluso en chorradas de su vida privada para intentar desacreditarles a toda costa, no vaya a ser que al final lo del cambio vaya en serio y los estómagos agradecidos que dirigen los principales medios informativos de este país de pandereta vean peligrar su estatus.
Menos demagogia y más periodismo, señores.
martes, 27 de enero de 2015
Tiempo de elecciones
No soy ninguna experta en política, nunca me he vanagloriado de serlo. No suelo pararme a analizar sesudamente los programas de los diferentes partidos, ni leo las crónicas que hacen en los periódicos los que de verdad saben de ésto.
Veo las noticias, en diferentes cadenas (con sus límites, eso sí...) y tengo la radio puesta prácticamente doce horas al día. Esto no quiere decir que mis opiniones se basen en lo que digan unos u otros, pero tampoco voy a alardear de ser una analista.
Mis conocimientos sobre política son más un tema del vivir día a día. Me da un poco de pena cuando al hablar con alguien me suelta eso de "a mí no me interesa la política", porque, como dicen los creyentes, está claro que a los políticos les interesas tú. Una vez cada cuatro años les interesas tanto que son capaces de gastarse cantidades ingentes de dinero para hacerte pensar que te escuchan, te comprenden y harán todo lo que está en su mano para ayudarte. Creo que esa actitud se resume perfectamente en el famoso dicho del "prometer hasta meter".
A lo que voy con todo esto es a que, por lo que se ve, por fin algo está cambiando en la mentalidad de todos, en el sentir de eso llamado, el ciudadano de a pié. Se ve que al final, hemos llegado hasta un punto en el que ya no nos creemos nada, y ya toleramos pocas chorradas.
Este año vamos a tener una campaña electoral cada dos meses, con lo que supongo que acabaremos más que saturados de promesas, cifras, sonrisas acartonadas y palmaditas en la espalda con cara de comprensión total de nuestras circunstancias que darán todos y cada uno de los candidatos, desde el pepero hasta el de Podemos. No se salva uno.
Está claro que cada uno elegirá creer (o dejar de hacerlo) en lo que le de la real gana. Yo personalmente no tengo aún decidido mi voto. Y no porque esté esperando el programa de cada partido, porque no me creeré más del 20% de todo lo que me digan en ellos. Dudo porque no sé hasta que punto me fío de quien me fío, y hasta que punto me dejaré llevar por la ola de entusiasmo que parece que está arrasando en este país.
Desde luego, algo hemos de cambiar, y eso sí que está en nuestras manos, porque ha quedado probado que con los de siempre ya no podemos contar. Se han dedicado más a intentar asustarnos con los supuestos cocos bolivarianos que a contarnos qué es lo que van a hacer ellos para intentar sacarnos de la mierda en la que unos y otros nos han sumergido.
Estoy encantada con que los griegos hayan pegado un puñetazo en la mesa y hayan hecho un corte de mangas a Europa, el FMI, los mercados y todos esos fantasmas que en realidad se ocupan de que sus bolsillos sigan lo más llenos posible, y ponen cara de penita cuando miran la miseria que sus politicas han generado, pero sólo lo suficiente para dar bien el primer plano en las imágenes de los informativos. ¿O es que alguien va a intentar convencerme de que a Merkel, Hollande, o, ya puestos, a Mariano, le importa lo más mínimo lo que va a pasar con las miles de familias que han deshauciado durante este año? Pues no. Pero ojo, no nos llevemos a engaño, que los nuevos tendrán que demostrar que no sólo se ponen a la cabeza de las manifestaciones a gritar contra la troika, la casta o los sacrosantos mercados, sino que se remangan los pantalones, y se meten en el fango con el resto de los ciudadanos para capear este temporal que, por mucho que los Guindos y compañía nos quieran vender la moto, todavía no ha pasado.
Lo que me queda por esperar es que a los nuevos líderes, tan llenos de entusiasmo, tan jóvenes y con tanto poder mediático, no se les caigan las alas nada más sentarse en el despacho y no les frenen en seco cuando intenten cambiar lo que se ha visto que no funciona.
Ahora, a esperar los panfletos, los mítines, los discursos, las promesas y las palmaditas en la espalda. Pero con el cuchillo entre los dientes.
Veo las noticias, en diferentes cadenas (con sus límites, eso sí...) y tengo la radio puesta prácticamente doce horas al día. Esto no quiere decir que mis opiniones se basen en lo que digan unos u otros, pero tampoco voy a alardear de ser una analista.
Mis conocimientos sobre política son más un tema del vivir día a día. Me da un poco de pena cuando al hablar con alguien me suelta eso de "a mí no me interesa la política", porque, como dicen los creyentes, está claro que a los políticos les interesas tú. Una vez cada cuatro años les interesas tanto que son capaces de gastarse cantidades ingentes de dinero para hacerte pensar que te escuchan, te comprenden y harán todo lo que está en su mano para ayudarte. Creo que esa actitud se resume perfectamente en el famoso dicho del "prometer hasta meter".
A lo que voy con todo esto es a que, por lo que se ve, por fin algo está cambiando en la mentalidad de todos, en el sentir de eso llamado, el ciudadano de a pié. Se ve que al final, hemos llegado hasta un punto en el que ya no nos creemos nada, y ya toleramos pocas chorradas.
Este año vamos a tener una campaña electoral cada dos meses, con lo que supongo que acabaremos más que saturados de promesas, cifras, sonrisas acartonadas y palmaditas en la espalda con cara de comprensión total de nuestras circunstancias que darán todos y cada uno de los candidatos, desde el pepero hasta el de Podemos. No se salva uno.
Está claro que cada uno elegirá creer (o dejar de hacerlo) en lo que le de la real gana. Yo personalmente no tengo aún decidido mi voto. Y no porque esté esperando el programa de cada partido, porque no me creeré más del 20% de todo lo que me digan en ellos. Dudo porque no sé hasta que punto me fío de quien me fío, y hasta que punto me dejaré llevar por la ola de entusiasmo que parece que está arrasando en este país.
Desde luego, algo hemos de cambiar, y eso sí que está en nuestras manos, porque ha quedado probado que con los de siempre ya no podemos contar. Se han dedicado más a intentar asustarnos con los supuestos cocos bolivarianos que a contarnos qué es lo que van a hacer ellos para intentar sacarnos de la mierda en la que unos y otros nos han sumergido.
Estoy encantada con que los griegos hayan pegado un puñetazo en la mesa y hayan hecho un corte de mangas a Europa, el FMI, los mercados y todos esos fantasmas que en realidad se ocupan de que sus bolsillos sigan lo más llenos posible, y ponen cara de penita cuando miran la miseria que sus politicas han generado, pero sólo lo suficiente para dar bien el primer plano en las imágenes de los informativos. ¿O es que alguien va a intentar convencerme de que a Merkel, Hollande, o, ya puestos, a Mariano, le importa lo más mínimo lo que va a pasar con las miles de familias que han deshauciado durante este año? Pues no. Pero ojo, no nos llevemos a engaño, que los nuevos tendrán que demostrar que no sólo se ponen a la cabeza de las manifestaciones a gritar contra la troika, la casta o los sacrosantos mercados, sino que se remangan los pantalones, y se meten en el fango con el resto de los ciudadanos para capear este temporal que, por mucho que los Guindos y compañía nos quieran vender la moto, todavía no ha pasado.
Lo que me queda por esperar es que a los nuevos líderes, tan llenos de entusiasmo, tan jóvenes y con tanto poder mediático, no se les caigan las alas nada más sentarse en el despacho y no les frenen en seco cuando intenten cambiar lo que se ha visto que no funciona.
Ahora, a esperar los panfletos, los mítines, los discursos, las promesas y las palmaditas en la espalda. Pero con el cuchillo entre los dientes.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Balances
No soy de las que hacen balances cuando termina un año, la verdad. Pero en esta ocasión estoy lo suficientemente ociosa como para dedicarle un rato a esto de poner en una balanza lo ocurrido en 2014.
El año que ahora acaba ha sido bastante gris. Con momentos malos, rematadamente malos, días buenos y algunos memorables.
Unas vacaciones largamente postergadas, un trabajito inesperado (aunque más duro de lo que parecía), el inicio del cole de Leo, con sus recién descubiertas ganas de aprender y sus progresos, el nacimiento de mis sobrinos, conocer a alguna gente nueva que merece la pena, confirmar que otra que ya conocía es mejor de lo que pensaba, son las pequeñas grandes cosas por las que sonrío cuando echo la vista atrás.
Luego están las otras. Esas que me hacen torcer el gesto y que me bajan el ánimo. No es que hayan sido grandes desgracias, afortunadamente. Más bien ha sido como esa tortura conocida como la Gota Malaya. Pequeñas cositas que van cayendo una tras otra, sin prisa pero sin pausa, que al final te desgastan. No soy una llorona, aunque lo piensen algunos que se creen que me conocen, pero reconozco que todas esas cositas me han mermado el ánimo. Me he vuelto más pesimista, más cínica, más desconfiada.
Todo eso me lleva a mirar el día de hoy con la mayor indiferencia que recuerdo en mis 36 años de vida. Nada espero de esta noche, tan mágica y llena de sueños como me parecía en otros años, sobre todo cuando era sinónimo de salir con los amigos y de diversión, con la consabida resaca de año nuevo en la mayoría de las ocasiones. Hoy a lo máximo que aspiro es a cenar tranquilamente, encontrar algo medianamente potable que ver en la tele, y mandar algún que otro mensaje a ciertas personas de las que suelo acordarme en este tipo de momentos.
No quiero decir que no tenga esperanzas para el 2015, todo lo contrario. Yo siempre aspiro a conseguir todo lo que quiero, y procuro empezar el año con la mente limpia, para intentar que cada uno sea el mejor de mi vida.
El problema con eso es que, como muchas otras cosas, no depende de mí misma, por mucho que lo digan los gurús del pensamiento positivo. Puedo poner todo mi empeño en que me sucedan cosas buenas, pero que pasen, eso ya es otra cosa. ¿O es que a la gente desgraciada le encanta que les lluevan ostias? Pues eso...
En fin, que yo empezaba haciendo balance del año que termina y acabo reclamando mi derecho a ser una pesimista. Serán cosas de la edad.
Feliz año a todos. Sea como sea.
El año que ahora acaba ha sido bastante gris. Con momentos malos, rematadamente malos, días buenos y algunos memorables.
Unas vacaciones largamente postergadas, un trabajito inesperado (aunque más duro de lo que parecía), el inicio del cole de Leo, con sus recién descubiertas ganas de aprender y sus progresos, el nacimiento de mis sobrinos, conocer a alguna gente nueva que merece la pena, confirmar que otra que ya conocía es mejor de lo que pensaba, son las pequeñas grandes cosas por las que sonrío cuando echo la vista atrás.
Luego están las otras. Esas que me hacen torcer el gesto y que me bajan el ánimo. No es que hayan sido grandes desgracias, afortunadamente. Más bien ha sido como esa tortura conocida como la Gota Malaya. Pequeñas cositas que van cayendo una tras otra, sin prisa pero sin pausa, que al final te desgastan. No soy una llorona, aunque lo piensen algunos que se creen que me conocen, pero reconozco que todas esas cositas me han mermado el ánimo. Me he vuelto más pesimista, más cínica, más desconfiada.
Todo eso me lleva a mirar el día de hoy con la mayor indiferencia que recuerdo en mis 36 años de vida. Nada espero de esta noche, tan mágica y llena de sueños como me parecía en otros años, sobre todo cuando era sinónimo de salir con los amigos y de diversión, con la consabida resaca de año nuevo en la mayoría de las ocasiones. Hoy a lo máximo que aspiro es a cenar tranquilamente, encontrar algo medianamente potable que ver en la tele, y mandar algún que otro mensaje a ciertas personas de las que suelo acordarme en este tipo de momentos.
No quiero decir que no tenga esperanzas para el 2015, todo lo contrario. Yo siempre aspiro a conseguir todo lo que quiero, y procuro empezar el año con la mente limpia, para intentar que cada uno sea el mejor de mi vida.
El problema con eso es que, como muchas otras cosas, no depende de mí misma, por mucho que lo digan los gurús del pensamiento positivo. Puedo poner todo mi empeño en que me sucedan cosas buenas, pero que pasen, eso ya es otra cosa. ¿O es que a la gente desgraciada le encanta que les lluevan ostias? Pues eso...
En fin, que yo empezaba haciendo balance del año que termina y acabo reclamando mi derecho a ser una pesimista. Serán cosas de la edad.
Feliz año a todos. Sea como sea.
domingo, 30 de noviembre de 2014
Esto no es fútbol
Soy futbolera. Siempre lo he dicho. Disfruto de un buen partido. Llevo mis colores a gala y no me escondo. Jaleo los goles y sufro las derrotas. Comento las jugadas, aunque no pretendo saber más que nadie. Defiendo a mis equipos dentro de la lógica, y no suelo perder los papeles. Asumo las críticas al deporte que adoro, e incluso comparto muchas de ellas. Me harta tener que demostrar que no soy imbécil por el hecho de ver todos los partidos que puedo. Critico a dónde están llevando este deporte, en el que parece que últimamente lo único que importa es el dinero.
Hoy me han jodido, pero bien.
Hoy una panda de descerebrados (que son más de los que todos quisiéramos, aunque siempre que pasa algo se dice eso de son cuatro, no representan a nadie) me ha quitado de un plumazo todas las razones que siempre he tenido para defender mi afición.
Hoy les han dado argumentos a todos esos que dicen que el fútbol es un deporte de cafres, que idiotiza, que embrutece.
Y no es culpa en exclusiva de la panda de cabrones que han quedado para zurrarse, con el resultado más lamentable posible. Es culpa también de esos presidentes que han dicho que es cosa de los radicales, no de los equipos. Y lo es porque esos equipos son los que les permiten entrar en sus estadios, enseñorearse en sus gradas, acompañarles en sus desplazamientos y andar como Pedro por su casa por dentro y fuera de los campos.
Es culpa también de los periodistas que siempre les ríen las gracias, que se admiran de la fidelidad que sienten por sus colores, de la entrega con la que animan al equipo. La misma entrega, dicha sea de paso, con la que apedrean el autobus del equipo rival.
Los mismos periodistas que se afanan en azuzar rivalidades, en calentar los partidos, llevarlos al terreno del orgullo de una ciudad, de una región, de un país. Esos que se sacan fotos con las peñas más radicales, que les dan voz en sus programas o en sus artículos, que hacen que la información deportiva se haya quedado en un segundo plano, primando las estupideces. Que hacen campaña a favor de tal o cual jugador o equipo, desprestigiando y humillando a los demás.
Amo el fútbol, me encanta ver a mi equipo bordar un partido, me escuece cuando el rival nos pasa por encima. Canto cuando voy al estadio, grito desde casa cuando veo los partidos, discuto tácticas y cambios, les atizo a los míos cuando se lo merecen, reniego de la prensa que sólo siembra ponzoña entre aficiones y he dejado de ver, oir o leer la mal llamada crónica deportiva.
Por eso me duele el doble que pasen cosas como las que hoy han pasado. Que se organicen quedadas para matarse entre aficiones rivales, que se quite importancia a una tragedia como la ocurrida. Saber que la jornada que viene ya se habrá olvidado todo, que cada uno seguirá lo suyo, que entre todos seguirán hundiendo el deporte que amo, hace que me hierva la sangre.
Seguiré defendiendo a mi equipo, a mi deporte, pero también seguiré asqueada por todo lo que lo rodea, que no hace mas que dar la razón a todos los que piensan que ser futbolero es igual a ser un energúmeno.
Que nos devuelvan el deporte que nos han robado. Que se haga limpieza desde dentro. Los equipos han de eliminar a sus ultras, cueste lo que cueste. Los aficionados debemos de repudiarles, a los que van a los campos y a los que publican en los periódicos, que se hacen llamar periodistas, cuando sólo son forofos con licencia para decir lo que quieren. Algunos ya han empezado, otros siguen silbando y mirando hacia otro lado porque los ultras son los que dan dinero a los equipos. Espero que se pongan soluciones, aunque me temo que en algunos ámbitos, quizá sea demasiado tarde.
Hoy me han jodido, pero bien.
Hoy una panda de descerebrados (que son más de los que todos quisiéramos, aunque siempre que pasa algo se dice eso de son cuatro, no representan a nadie) me ha quitado de un plumazo todas las razones que siempre he tenido para defender mi afición.
Hoy les han dado argumentos a todos esos que dicen que el fútbol es un deporte de cafres, que idiotiza, que embrutece.
Y no es culpa en exclusiva de la panda de cabrones que han quedado para zurrarse, con el resultado más lamentable posible. Es culpa también de esos presidentes que han dicho que es cosa de los radicales, no de los equipos. Y lo es porque esos equipos son los que les permiten entrar en sus estadios, enseñorearse en sus gradas, acompañarles en sus desplazamientos y andar como Pedro por su casa por dentro y fuera de los campos.
Es culpa también de los periodistas que siempre les ríen las gracias, que se admiran de la fidelidad que sienten por sus colores, de la entrega con la que animan al equipo. La misma entrega, dicha sea de paso, con la que apedrean el autobus del equipo rival.
Los mismos periodistas que se afanan en azuzar rivalidades, en calentar los partidos, llevarlos al terreno del orgullo de una ciudad, de una región, de un país. Esos que se sacan fotos con las peñas más radicales, que les dan voz en sus programas o en sus artículos, que hacen que la información deportiva se haya quedado en un segundo plano, primando las estupideces. Que hacen campaña a favor de tal o cual jugador o equipo, desprestigiando y humillando a los demás.
Amo el fútbol, me encanta ver a mi equipo bordar un partido, me escuece cuando el rival nos pasa por encima. Canto cuando voy al estadio, grito desde casa cuando veo los partidos, discuto tácticas y cambios, les atizo a los míos cuando se lo merecen, reniego de la prensa que sólo siembra ponzoña entre aficiones y he dejado de ver, oir o leer la mal llamada crónica deportiva.
Por eso me duele el doble que pasen cosas como las que hoy han pasado. Que se organicen quedadas para matarse entre aficiones rivales, que se quite importancia a una tragedia como la ocurrida. Saber que la jornada que viene ya se habrá olvidado todo, que cada uno seguirá lo suyo, que entre todos seguirán hundiendo el deporte que amo, hace que me hierva la sangre.
Seguiré defendiendo a mi equipo, a mi deporte, pero también seguiré asqueada por todo lo que lo rodea, que no hace mas que dar la razón a todos los que piensan que ser futbolero es igual a ser un energúmeno.
Que nos devuelvan el deporte que nos han robado. Que se haga limpieza desde dentro. Los equipos han de eliminar a sus ultras, cueste lo que cueste. Los aficionados debemos de repudiarles, a los que van a los campos y a los que publican en los periódicos, que se hacen llamar periodistas, cuando sólo son forofos con licencia para decir lo que quieren. Algunos ya han empezado, otros siguen silbando y mirando hacia otro lado porque los ultras son los que dan dinero a los equipos. Espero que se pongan soluciones, aunque me temo que en algunos ámbitos, quizá sea demasiado tarde.
sábado, 29 de noviembre de 2014
Surrealismo puro
No sé muy bien qué pasa últimamente, pero vivo en una sensación constante de estar fuera de bolos.
Me explico. Cada día desayuno con la radio puesta, y no hay mañana en la que no escuche alguna noticia que me hace despertar de golpe. Corruptelas, estafas, declaraciones fuera de tono, acusaciones improbables, ridículos de presentadoras de televisión, políticos con la boca más grande que el cerebro, famosetes con ganas de opinar que acaban cagándola, mamoneos judiciales...a todo esto creo que yo, y todos, ya nos estábamos acostumbrando, que no resignando.
Y de repente, entra por la puerta grande un chaval con cara de no haber roto un plato en su vida, del que hablan absolutamente todos los periódicos, telediarios y medios más o menos serios de internet. Un chaval, dicho sea de paso, del que lo primero que pensé cuando vi una foto fue "cara de listo no tiene". Gran error el mío.
Por lo que he ido conociendo, en una sucesion sin fin de episodios surrealistas, el chico en cuestión no sólo es listo, sino espabilado hasta decir basta, me atrevería a decir que es uno de los genios de nuestro tiempo. Si no, no me explico como un crío, con expresión de vivir con la cabeza en las nubes, pudo llegar hasta donde le dió la gana en la vida con sólo veinte años y sin más estudios que los básicos.
O eso, o en realidad es lo que la gran mayoría de nosotros sospechamos, y es que el niñato tiene uno o varios padrinos, que le han ido aupando, y que ahora esconden la cabecita cuando se han dado cuenta de que el tal Francisco Nicolás (Fran para los amigos) está ligeramente trastornado y se ha creído que es James Bond en carne y hueso.
Ayer (a pesar de que me estaba quedando frita) estuve viendo el especial de televisión que han hecho sobre el personaje. Aunque el programa me lo tomo con toda la reserva del mundo, me entraba la risa floja al escuchar al tal Fran diciendo que el presidente de la Comunidad de Madrid le organizó una fiesta de cumpleaños en su casa, o hablando del expresidente de cuyo bigote no quiero acordarme, como si fuera su tito (Jose, le llama...). Por no decir nada de la manera en la que salían por patas sus supuestos amigos en cuanto se les acercaba la cámara.
La repanocha vino ya cuando apareció un miembro de esa cosa que no se muy bien que es, llamada Manos Limpias, diciendo que el chaval fue a negociar con él para que se retirara la acusación contra la exinfanta doña Cris, y que en la conversación se habían ido intercalando llamadas que el muchacho decía que eran de su exmajestad en persona para interesarse por el proceso de negociación. De traca.
Lo alucinante de todo este tema ya no es que Francisco Nicolás haya llegado a ofrecer sus servicios para evitar que se rompa España negociando con los dirigentes catalanes (todo ello porque ama a este nuestro país y a todos y cada uno de sus habitantes), sino que TODOS, absolutamente todos sus interlocutores en este demencial viaje al narcisismo más delirante, dieran crédito a lo que les contaba, sin pararse a pensar como podía ese crío con cara de pardillo, haber llegado a tener permiso de las más altas instancias de la sociedad para meterse en todos los charcos posibles.
La conclusión que saqué de todo lo dicho ayer, es que, o estamos ante un genio del mal sin escrúpulo ninguno al estilo de Moriarty, o tenemos en el poder a la generación de inútiles, crédulos y estúpidos más grande que haya parido madre.
La verdad es que no se muy bien cual de las dos posibilidades me deja más intranquila.
Continuará.
Me explico. Cada día desayuno con la radio puesta, y no hay mañana en la que no escuche alguna noticia que me hace despertar de golpe. Corruptelas, estafas, declaraciones fuera de tono, acusaciones improbables, ridículos de presentadoras de televisión, políticos con la boca más grande que el cerebro, famosetes con ganas de opinar que acaban cagándola, mamoneos judiciales...a todo esto creo que yo, y todos, ya nos estábamos acostumbrando, que no resignando.
Y de repente, entra por la puerta grande un chaval con cara de no haber roto un plato en su vida, del que hablan absolutamente todos los periódicos, telediarios y medios más o menos serios de internet. Un chaval, dicho sea de paso, del que lo primero que pensé cuando vi una foto fue "cara de listo no tiene". Gran error el mío.
Por lo que he ido conociendo, en una sucesion sin fin de episodios surrealistas, el chico en cuestión no sólo es listo, sino espabilado hasta decir basta, me atrevería a decir que es uno de los genios de nuestro tiempo. Si no, no me explico como un crío, con expresión de vivir con la cabeza en las nubes, pudo llegar hasta donde le dió la gana en la vida con sólo veinte años y sin más estudios que los básicos.
O eso, o en realidad es lo que la gran mayoría de nosotros sospechamos, y es que el niñato tiene uno o varios padrinos, que le han ido aupando, y que ahora esconden la cabecita cuando se han dado cuenta de que el tal Francisco Nicolás (Fran para los amigos) está ligeramente trastornado y se ha creído que es James Bond en carne y hueso.
Ayer (a pesar de que me estaba quedando frita) estuve viendo el especial de televisión que han hecho sobre el personaje. Aunque el programa me lo tomo con toda la reserva del mundo, me entraba la risa floja al escuchar al tal Fran diciendo que el presidente de la Comunidad de Madrid le organizó una fiesta de cumpleaños en su casa, o hablando del expresidente de cuyo bigote no quiero acordarme, como si fuera su tito (Jose, le llama...). Por no decir nada de la manera en la que salían por patas sus supuestos amigos en cuanto se les acercaba la cámara.
La repanocha vino ya cuando apareció un miembro de esa cosa que no se muy bien que es, llamada Manos Limpias, diciendo que el chaval fue a negociar con él para que se retirara la acusación contra la exinfanta doña Cris, y que en la conversación se habían ido intercalando llamadas que el muchacho decía que eran de su exmajestad en persona para interesarse por el proceso de negociación. De traca.
Lo alucinante de todo este tema ya no es que Francisco Nicolás haya llegado a ofrecer sus servicios para evitar que se rompa España negociando con los dirigentes catalanes (todo ello porque ama a este nuestro país y a todos y cada uno de sus habitantes), sino que TODOS, absolutamente todos sus interlocutores en este demencial viaje al narcisismo más delirante, dieran crédito a lo que les contaba, sin pararse a pensar como podía ese crío con cara de pardillo, haber llegado a tener permiso de las más altas instancias de la sociedad para meterse en todos los charcos posibles.
La conclusión que saqué de todo lo dicho ayer, es que, o estamos ante un genio del mal sin escrúpulo ninguno al estilo de Moriarty, o tenemos en el poder a la generación de inútiles, crédulos y estúpidos más grande que haya parido madre.
La verdad es que no se muy bien cual de las dos posibilidades me deja más intranquila.
Continuará.
jueves, 6 de noviembre de 2014
Llega el apocalipsis.
Una piensa a veces que ya lo ha visto todo, que nada podrá sorprenderla, y en cuanto pones la radio o te metes en internet, te das cuenta de que aún te queda muuuucho por ver en esta miseria humana llamada política.
Ya no se trata de que hayan pillado a tal o cual político trincando, cosa que vemos día sí, día también. La cosa llega a límites tan chuscos que rozan el guión de peli de esas de humor absurdo, en las que te ríes porque el gag es tan malo, que no te queda otra.
El problema de todo esto, es que no hace ni puta gracia, porque estos payasos redomados que nos gobiernan (o que pretenden hacerlo ahora desde la oposición, me da igual) tienen el poder para decidir sobre las vidas de millones de personas a las que están dejando sin ninguna esperanza. ¿Y qué hacen con ese poder? Llenarse los bolsillos, y forrarse bien el riñoncito, que parece que lo de que la crisis se está acabando no termina de ser verdad, y no vaya a ser que le pille a ellos sin un Gucci que echarse a los piés. ¡Válgame Dios! (O quien sea)
El tema es que estos sinvergüenzas, a los que se les llena la boca criticando las corruptelas del vecino, tienen mil y una maneras diferentes de hacerse los tontos, desde decir que no sabían nada, a que lo han heredado de la abuela, que la mujer hizo fortuna regentando un chigre de pueblo, y claro, lógicamente, lo ingresó en una cuenta en Suiza. ¿Qué abuela no lo hace?
Al final todo esto es como el juego ese en el que dos personas sujetan una goma elástica, cada uno por un extremo, y tiran de ella, a ver quien es el último que lo suelta. Hasta ahora lo de aguantar nos tocaba siempre a los mismos, que acabábamos llevándonos el gomazo en las uñas, con lo que duele eso, y a los que solo nos quedaba la opción de volver a coger nuestro lado, mientras en el otro se iban alternando unos y otros, todos con las mismas sonrisas de tiburón que huele sangre, prometiendo el oro y el moro hasta que conseguían aposentar sus culos en el sillón del poder. Luego, ya apoltronados, se olvidaban de todo lo prometido, y si te he visto no me acuerdo, y si no te gusta lo que hacemos, te jodes durante cuatro años, que para eso has votado y con ello ya has cumplido.
Por primera vez, se huele que esto no va a volver a colar. Al parecer, nos hemos cansado ya de llevarnos gomazos en los dedos, y por lo que se barrunta, esta vez soltaremos nosotros primero. Han tensado tanto la goma, que, aunque no han llegado a romperla, el ostion va a ser de órdago, y el culo lo sentarán, no en la poltrona, sino en el duro suelo. Vamos, en el mismo sitio que llevamos sentándolo nosotros durante casi cuarenta años (que se dice pronto).
Estos impresentables que han vivido por encima de nuestras posibilidades durante todo el tiempo que han podido, se atreven ahora a decir que los nuevos, los que les están haciendo temblar, son poco menos que los jinetes del Apocalipsis. Yo no digo que los que vienen tengan la varíta mágica para arreglar todo este desastre, pero desde luego, no pueden hacerlo peor que los que hasta ahora se venían alternando en el poder. Al menos, traen ilusión y todas las ganas del mundo de luchar para intentar, si no solucionarlo, intentar aliviar un poco la fiebre que estamos padeciendo los de siempre, desde hace demasiado tiempo.
Puede que, si al final triunfan, paguen por ilusos, o por novatos, o acaben como acabaron los de antes, pero yo voy a permitirme tener la esperanza de que no va a ser así, de que alguien pensará en los de abajo antes que en los de arriba, y que las cosas mejorarán.
Puede que de verdad llegue el apocalipsis, como tánto se llenan la boca en anunciar este atajo de ladrones que nos han estado gobernando, pero lo que esta panda de ignorantes venidos arriba no entiende, es que apocalipsis significa revelación, o quitar el velo.
Puede que al fin, nos hayamos quitado el velo y hayamos entendido que el fin del mundo no llega del cielo, sino de los inútiles que tratan a su propio pueblo como si fueran sus sirvientes, cuando en realidad es al revés.
Bienvenido sea el apocalipsis.
Ya no se trata de que hayan pillado a tal o cual político trincando, cosa que vemos día sí, día también. La cosa llega a límites tan chuscos que rozan el guión de peli de esas de humor absurdo, en las que te ríes porque el gag es tan malo, que no te queda otra.
El problema de todo esto, es que no hace ni puta gracia, porque estos payasos redomados que nos gobiernan (o que pretenden hacerlo ahora desde la oposición, me da igual) tienen el poder para decidir sobre las vidas de millones de personas a las que están dejando sin ninguna esperanza. ¿Y qué hacen con ese poder? Llenarse los bolsillos, y forrarse bien el riñoncito, que parece que lo de que la crisis se está acabando no termina de ser verdad, y no vaya a ser que le pille a ellos sin un Gucci que echarse a los piés. ¡Válgame Dios! (O quien sea)
El tema es que estos sinvergüenzas, a los que se les llena la boca criticando las corruptelas del vecino, tienen mil y una maneras diferentes de hacerse los tontos, desde decir que no sabían nada, a que lo han heredado de la abuela, que la mujer hizo fortuna regentando un chigre de pueblo, y claro, lógicamente, lo ingresó en una cuenta en Suiza. ¿Qué abuela no lo hace?
Al final todo esto es como el juego ese en el que dos personas sujetan una goma elástica, cada uno por un extremo, y tiran de ella, a ver quien es el último que lo suelta. Hasta ahora lo de aguantar nos tocaba siempre a los mismos, que acabábamos llevándonos el gomazo en las uñas, con lo que duele eso, y a los que solo nos quedaba la opción de volver a coger nuestro lado, mientras en el otro se iban alternando unos y otros, todos con las mismas sonrisas de tiburón que huele sangre, prometiendo el oro y el moro hasta que conseguían aposentar sus culos en el sillón del poder. Luego, ya apoltronados, se olvidaban de todo lo prometido, y si te he visto no me acuerdo, y si no te gusta lo que hacemos, te jodes durante cuatro años, que para eso has votado y con ello ya has cumplido.
Por primera vez, se huele que esto no va a volver a colar. Al parecer, nos hemos cansado ya de llevarnos gomazos en los dedos, y por lo que se barrunta, esta vez soltaremos nosotros primero. Han tensado tanto la goma, que, aunque no han llegado a romperla, el ostion va a ser de órdago, y el culo lo sentarán, no en la poltrona, sino en el duro suelo. Vamos, en el mismo sitio que llevamos sentándolo nosotros durante casi cuarenta años (que se dice pronto).
Estos impresentables que han vivido por encima de nuestras posibilidades durante todo el tiempo que han podido, se atreven ahora a decir que los nuevos, los que les están haciendo temblar, son poco menos que los jinetes del Apocalipsis. Yo no digo que los que vienen tengan la varíta mágica para arreglar todo este desastre, pero desde luego, no pueden hacerlo peor que los que hasta ahora se venían alternando en el poder. Al menos, traen ilusión y todas las ganas del mundo de luchar para intentar, si no solucionarlo, intentar aliviar un poco la fiebre que estamos padeciendo los de siempre, desde hace demasiado tiempo.
Puede que, si al final triunfan, paguen por ilusos, o por novatos, o acaben como acabaron los de antes, pero yo voy a permitirme tener la esperanza de que no va a ser así, de que alguien pensará en los de abajo antes que en los de arriba, y que las cosas mejorarán.
Puede que de verdad llegue el apocalipsis, como tánto se llenan la boca en anunciar este atajo de ladrones que nos han estado gobernando, pero lo que esta panda de ignorantes venidos arriba no entiende, es que apocalipsis significa revelación, o quitar el velo.
Puede que al fin, nos hayamos quitado el velo y hayamos entendido que el fin del mundo no llega del cielo, sino de los inútiles que tratan a su propio pueblo como si fueran sus sirvientes, cuando en realidad es al revés.
Bienvenido sea el apocalipsis.
jueves, 9 de octubre de 2014
Que estupidez
O sea, que la culpa era de la enfermera. Claro. Pero que estúpidos hemos sido. Mira que pensar que tendría algo que ver el hecho de haber trasladado a dos enfermos en lugar de prestarles ayuda a ellos (y a todos los demás) allí, dónde de verdad se podía hacer algo. Que tontería. Estaba claro que lo mejor era mandar un avión a buscarles, aún sin todas las garantías de seguridad, aún sin tener un tratamiento con garantías, aún sabiendo que en el mejor de los casos, les traíamos a morir aquí. Meterles en un Hospital que no estaba preparado, con un personal que ha recibido un curso de 20 minutos, tras el cual les lanzan a atender las necesidades de un paciente con una enfermedad contagiosa y potencialmente mortal, pero eh, que tenemos un protocolo que garantiza la seguridad absoluta de todo el proceso.
Pero claro, es que luego hay incompetentes como esta señora, que aunque en su vida haya tratado con una enfermedad como esta, tiene que saber todos los pasos, que aunque jamás haya trabajado con esos trajes de aislamiento, con un video y una charla ya tendría que saber manejarlos y ponérselo y quitárselo como si lo hubiera hecho desde que tenía edad para vestirse, faltaría más. Para eso se le paga lo que se le paga.
¿Que se le detectaron unas décimas de fiebre y aún así se le permitió irse de vacaciones con una palmadita tranquilizadora? Pues claro, el protocolo llega hasta que la buena señora se quita el traje, punto. A partir de ahí, todo lo demás es responsabilidad suya.
Encima, seguro que ha mentido, que le ocultó a todo el mundo que había estado asistiendo a un enfermo de ébola, todo por pura maldad, por ganas de hacer daño. Porque está claro que una señora que se arriesga a hacer un trabajo para el que no está preparada, para intentar ayudar a un paciente, porque para eso se hizo enfermera, lo ha hecho para dañar la imagen de España, para atacar a la pobre Ministra Mato, que, si no estaba cuando trajeron al primer sacerdote enfermo, es porque es tan modesta la mujer que no quería acaparar el mérito de haber rescatado a este pobre hombre. Y si no respondió ninguna pregunta en la rueda de prensa cuando se conoció el caso de esta mala persona, fue porque, en su infinita bondad, no quiso dejar mal a sus subordinados, que ya se sabe que lo de sacar la superioridad intelectual luego trae resquemores, que la gente es muy envidiosa.
Así que propongo que a la enfermera se la despida fulminantemente ya mismo, estando en el Hospital, luchando por su vida, seguramente aterrorizada y totalmente mareada de la que se ha montado. Y que en cuanto ponga un pié en la calle, su primer destino sea el juzgado, para enfrentarse a, por lo menos, una querella criminal, por haber jugado con la salud de todo un país, y, lo que es más grave, con la buena imagen de un Gobierno en general y de una Ministra en particular, que no será experta en el campo de su Ministerio, pero es más buena que un cacho pan, y tan voluntariosa que suple su absoluta falta de conocimiento con un trabajo absolutamente entregado.
Y cuando vuelva a su casa (si es que no la entalegan por lo que le queda de vida...) espero que sus vecinos la traten como una apestada, que es lo que merece, por haber tenido la desfachatez de hacernos pensar a todos que los protocolos de seguridad son una porquería, que el material es insuficiente e inadecuado o que la exhaustiva formación que se le dió era escasa.
Que barbaridad. Mira que poner en duda que nuestros abnegados gobernantes han hecho mal algo en todo este proceso. Mira que pensar que lo mejor hubiera sido que un equipo especializado se hubiera desplazado a atender in situ a los Misioneros y a todos los que hubieran podido ser afectados. Mira que decir que no tienen ni puta idea de lo que hacen...¡pero si hasta nos han felicitado en Europa por la gestión! Y eso lo ha dicho el señor Presidente del Gobierno, que nunca nos mentiría, ¿verdad?
Ay, menos mal que están ellos para sacarnos de nuestra estupidez y nuestra miseria moral. Menos mal que les tenemos a ellos para hacer lo que saben que es correcto, sin tener en cuenta los consejos de los expertos...qué sabrán ellos.
Pero claro, es que luego hay incompetentes como esta señora, que aunque en su vida haya tratado con una enfermedad como esta, tiene que saber todos los pasos, que aunque jamás haya trabajado con esos trajes de aislamiento, con un video y una charla ya tendría que saber manejarlos y ponérselo y quitárselo como si lo hubiera hecho desde que tenía edad para vestirse, faltaría más. Para eso se le paga lo que se le paga.
¿Que se le detectaron unas décimas de fiebre y aún así se le permitió irse de vacaciones con una palmadita tranquilizadora? Pues claro, el protocolo llega hasta que la buena señora se quita el traje, punto. A partir de ahí, todo lo demás es responsabilidad suya.
Encima, seguro que ha mentido, que le ocultó a todo el mundo que había estado asistiendo a un enfermo de ébola, todo por pura maldad, por ganas de hacer daño. Porque está claro que una señora que se arriesga a hacer un trabajo para el que no está preparada, para intentar ayudar a un paciente, porque para eso se hizo enfermera, lo ha hecho para dañar la imagen de España, para atacar a la pobre Ministra Mato, que, si no estaba cuando trajeron al primer sacerdote enfermo, es porque es tan modesta la mujer que no quería acaparar el mérito de haber rescatado a este pobre hombre. Y si no respondió ninguna pregunta en la rueda de prensa cuando se conoció el caso de esta mala persona, fue porque, en su infinita bondad, no quiso dejar mal a sus subordinados, que ya se sabe que lo de sacar la superioridad intelectual luego trae resquemores, que la gente es muy envidiosa.
Así que propongo que a la enfermera se la despida fulminantemente ya mismo, estando en el Hospital, luchando por su vida, seguramente aterrorizada y totalmente mareada de la que se ha montado. Y que en cuanto ponga un pié en la calle, su primer destino sea el juzgado, para enfrentarse a, por lo menos, una querella criminal, por haber jugado con la salud de todo un país, y, lo que es más grave, con la buena imagen de un Gobierno en general y de una Ministra en particular, que no será experta en el campo de su Ministerio, pero es más buena que un cacho pan, y tan voluntariosa que suple su absoluta falta de conocimiento con un trabajo absolutamente entregado.
Y cuando vuelva a su casa (si es que no la entalegan por lo que le queda de vida...) espero que sus vecinos la traten como una apestada, que es lo que merece, por haber tenido la desfachatez de hacernos pensar a todos que los protocolos de seguridad son una porquería, que el material es insuficiente e inadecuado o que la exhaustiva formación que se le dió era escasa.
Que barbaridad. Mira que poner en duda que nuestros abnegados gobernantes han hecho mal algo en todo este proceso. Mira que pensar que lo mejor hubiera sido que un equipo especializado se hubiera desplazado a atender in situ a los Misioneros y a todos los que hubieran podido ser afectados. Mira que decir que no tienen ni puta idea de lo que hacen...¡pero si hasta nos han felicitado en Europa por la gestión! Y eso lo ha dicho el señor Presidente del Gobierno, que nunca nos mentiría, ¿verdad?
Ay, menos mal que están ellos para sacarnos de nuestra estupidez y nuestra miseria moral. Menos mal que les tenemos a ellos para hacer lo que saben que es correcto, sin tener en cuenta los consejos de los expertos...qué sabrán ellos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)